/ viernes 2 de octubre de 2020

Entorno Empresarial


Aumento de Empleos Precarios

El trabajo informal creció en México, en medio de la parálisis de la economía causada por la emergencia sanitaria del coronavirus.

El aumento del empleo informal supuso que el total de trabajadores sin contrato ni prestaciones legales llegó a 22.6 millones de personas, en una población de unos 125 millones de habitantes.

En julio, se añadieron 1,5 millones de puestos de trabajo, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esto se debe principalmente a un crecimiento del empleo informal; el formal se mantenía hasta julio en números rojos.

Después de que el PIB se desplomara un 18,7% anual durante el segundo trimestre del año, el Banco de México señaló que el PIB puede caer hasta un 12,8% en 2020. De confirmarse, sería la peor caía desde la Gran Recesión en los años treinta.

De esta manera, además de la desaceleración en el ritmo de mejora, las repercusiones positivas que pudiera haber para el consumo serán limitadas ante el deterioro cualitativo que se percibe y que ejerce afectaciones permanentes sobre los ingresos laborales.

La crisis del COVID-19 incrementa las debilidades estructurales preexistentes, caracterizadas por varios factores, incluida la informalidad.

La alta informalidad aumenta las vulnerabilidades y ha impedido la consolidación de la clase media.

Las personas en condición de vulnerabilidad económica suelen trabajar en la informalidad, tener empleos de baja calidad relacionados con escasa protección social y enfrentar una alta volatilidad en sus ingresos.

El empleo informal es decisivo para la supervivencia de los trabajadores excluidos del sector formal, ya que suele ser la única manera de que escapen de la pobreza.

La alta rotación entre los empleos precarios propicia la vulnerabilidad de las personas a los efectos de choques a nivel individual, del hogar o macro, como la presente pandemia. Dichas condiciones constituyen lo que se conoce como la trampa de vulnerabilidad social.

La baja productividad, las competencias insuficientes, los incentivos débiles y los deficientes marcos institucionales son algunos de los impulsores de la persistente informalidad.

Los trabajadores pueden quedar atrapados en un círculo vicioso, el cual los atrapa en una condición vulnerable.


Aumento de Empleos Precarios

El trabajo informal creció en México, en medio de la parálisis de la economía causada por la emergencia sanitaria del coronavirus.

El aumento del empleo informal supuso que el total de trabajadores sin contrato ni prestaciones legales llegó a 22.6 millones de personas, en una población de unos 125 millones de habitantes.

En julio, se añadieron 1,5 millones de puestos de trabajo, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esto se debe principalmente a un crecimiento del empleo informal; el formal se mantenía hasta julio en números rojos.

Después de que el PIB se desplomara un 18,7% anual durante el segundo trimestre del año, el Banco de México señaló que el PIB puede caer hasta un 12,8% en 2020. De confirmarse, sería la peor caía desde la Gran Recesión en los años treinta.

De esta manera, además de la desaceleración en el ritmo de mejora, las repercusiones positivas que pudiera haber para el consumo serán limitadas ante el deterioro cualitativo que se percibe y que ejerce afectaciones permanentes sobre los ingresos laborales.

La crisis del COVID-19 incrementa las debilidades estructurales preexistentes, caracterizadas por varios factores, incluida la informalidad.

La alta informalidad aumenta las vulnerabilidades y ha impedido la consolidación de la clase media.

Las personas en condición de vulnerabilidad económica suelen trabajar en la informalidad, tener empleos de baja calidad relacionados con escasa protección social y enfrentar una alta volatilidad en sus ingresos.

El empleo informal es decisivo para la supervivencia de los trabajadores excluidos del sector formal, ya que suele ser la única manera de que escapen de la pobreza.

La alta rotación entre los empleos precarios propicia la vulnerabilidad de las personas a los efectos de choques a nivel individual, del hogar o macro, como la presente pandemia. Dichas condiciones constituyen lo que se conoce como la trampa de vulnerabilidad social.

La baja productividad, las competencias insuficientes, los incentivos débiles y los deficientes marcos institucionales son algunos de los impulsores de la persistente informalidad.

Los trabajadores pueden quedar atrapados en un círculo vicioso, el cual los atrapa en una condición vulnerable.

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