/ domingo 17 de febrero de 2019

El callado, no se ve

Ser callado no es lo mismo que ser prudente.

La prudencia no es callar, sino saber en qué momento y de qué manera hay que decir las cosas.

El ser humano, es más bello por su alma, que por su cuerpo.

El prudente, guarda silencio. Pero ser callado, no es lo mismo que ser prudente.

Porque la prudencia no es callar, sino saber en qué momento y de qué manera hay que decir las cosas. Esa, es la verdadera prudencia.

Hay un dicho que expresa: “Calladito te ves más bonito”. Pero el callado ni siquiera puede verse; si no hablas, jamás podré conocerte.

Porque la mejor manera de ver a las personas, es cuando hablan. Ya que solo así es como podemos conocer la belleza de su alma. Y ésta, es la que embellece al hombre; porque si no hablan, cómo sabremos lo que guardan dentro.

En tiempos de Sócrates, había un hombre muy bien parecido, pero permanecía callado. Y Sócrates le dijo: “Habla para que te vea”. Porque solo así, se puede constatar la belleza.

El alma es más atractiva que el mismo cuerpo. Ya lo decía Ortega: “No es el cuerpo femenino quien nos revela el alma femenina, sino el alma femenina quien nos hace ver femenino su cuerpo”. El ser humano es más bello por su alma, que por su cuerpo.

Pero, si la persona no se expresa, ¿Cómo podremos saber lo que piensa? De manera, que no es el silencio lo que nos hace ver más bellos; son las expresiones y actitudes, lo que embellece a la persona. Claro que de la vista nace la atracción; pero es a partir del diálogo como se va dar el enamoramiento.

Ser callado no es lo mismo que ser prudente.

La prudencia no es callar, sino saber en qué momento y de qué manera hay que decir las cosas.

El ser humano, es más bello por su alma, que por su cuerpo.

El prudente, guarda silencio. Pero ser callado, no es lo mismo que ser prudente.

Porque la prudencia no es callar, sino saber en qué momento y de qué manera hay que decir las cosas. Esa, es la verdadera prudencia.

Hay un dicho que expresa: “Calladito te ves más bonito”. Pero el callado ni siquiera puede verse; si no hablas, jamás podré conocerte.

Porque la mejor manera de ver a las personas, es cuando hablan. Ya que solo así es como podemos conocer la belleza de su alma. Y ésta, es la que embellece al hombre; porque si no hablan, cómo sabremos lo que guardan dentro.

En tiempos de Sócrates, había un hombre muy bien parecido, pero permanecía callado. Y Sócrates le dijo: “Habla para que te vea”. Porque solo así, se puede constatar la belleza.

El alma es más atractiva que el mismo cuerpo. Ya lo decía Ortega: “No es el cuerpo femenino quien nos revela el alma femenina, sino el alma femenina quien nos hace ver femenino su cuerpo”. El ser humano es más bello por su alma, que por su cuerpo.

Pero, si la persona no se expresa, ¿Cómo podremos saber lo que piensa? De manera, que no es el silencio lo que nos hace ver más bellos; son las expresiones y actitudes, lo que embellece a la persona. Claro que de la vista nace la atracción; pero es a partir del diálogo como se va dar el enamoramiento.

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