/ jueves 17 de mayo de 2018

¡Cristo es la Respuesta!

La obediencia que Dios demanda

1 Samuel 15:1 al 35



Dios en diferentes tiempos ha usado el capítulo de 1 Samuel 15, para llamar mi atención acerca de la obediencia que Él espera de cada uno de nosotros. Agrandes rasgos, Dios le había encomendado a Saúl que él juntamente con el pueblo de Israel hiriera al pueblo de Amalec y destruyeran todo lo que tenían sin apiadarse de hombres, mujeres, niños, vacas, ovejas, camellos y asnos; más sin embargo, Saúl siendo el rey, desobedeció. Dios manda al profeta Samuel para confortarlo, y la primera reacción de Saúl fue pretender hacer pensar al profeta que él había obedecido a la Palabra de Dios, a lo cual Samuel responde: “Pues ¿qué balido de ovejas y bramidos de vacas es este que yo oigo con mis oídos?” Y Saúl respondió: “De Amalec los han traído, porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás, lo destruimos.” Sin lugar a dudas la reacción de Saúl, es muy común en gente desobediente que en vez de aceptar su responsabilidad, buscan culpar a alguien más.


Lo cierto es que Saúl, no tenía excusas, ya que él era el rey, el responsable y el encargado. Qué tristeza cuando en lugar de aceptar nuestro compromiso, estamos buscando culpar a otros. Cuando debemos aceptar nuestra desobediencia, arrepentirnos y ponernos bien con Dios. Esto no paso con Saúl, y el profeta comienza a decirle de las consecuencias de desobedecer la Palabra de Dios. Y el profeta le dice: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová tanto de los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. “Aquí quiero hacer un paréntesis, ya que en primer lugar, hay que desechar el pensamiento religioso, de que si yo ofrezco a Dios un sacrificio, una manda, un holocausto, eso es por llamarlo de alguna manera, una dispensa para desobedecer a Dios, pues aunque ofrezcamos a Dios todas estas cosas, todavía Dios manda obediencia en cada área de nuestra vida.


También el pasaje habla de “Prestar atención.” Creo que en ocasiones, nuestra falta de obediencia, tiene que ver con el hecho de que sencillamente, no estamos atentos; estamos distraídos con el placer, con las redes sociales, con tantas cosas en nuestra vida, que hemos estado completamente distraídos en obedecer lo que Dios dice. La rebelión y la obstinación, son comparables a la adivinación y a los ídolos “idolatría,” es decir, para Dios, de ninguna manera es algo pequeño que nosotros seamos desobedientes a su Palabra.


Finalmente y en contraste, en el versículo 33, encontramos una escena terrorífica y espantosa, ya que Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová el profeta, juez y sacerdote, siendo el hombre de Dios que era, llevando acabo semejante acto, creo que no lo hizo con ira, en enojo, o en reproche, sino que lo hizo con quebranto y con lágrimas, corriendo por sus mejillas, y mostrándole a Saúl, que es como Dios demanda que lo obedezcamos, sin excusas, sin pretextos, sin mentiras. Que Dios nos dé gracia de vivir en la obediencia que el Señor demanda.


Iglesia Bíblica Bautista

Calle Nube 560, Colonia Garita de Jalisco. Tel. 841-5387 www.ibbslp.org.mx

Horario. Domingo 10:00 A.M. y 12:00 P.M. 6:00PM; Miércoles 7:00 P.M.


La obediencia que Dios demanda

1 Samuel 15:1 al 35



Dios en diferentes tiempos ha usado el capítulo de 1 Samuel 15, para llamar mi atención acerca de la obediencia que Él espera de cada uno de nosotros. Agrandes rasgos, Dios le había encomendado a Saúl que él juntamente con el pueblo de Israel hiriera al pueblo de Amalec y destruyeran todo lo que tenían sin apiadarse de hombres, mujeres, niños, vacas, ovejas, camellos y asnos; más sin embargo, Saúl siendo el rey, desobedeció. Dios manda al profeta Samuel para confortarlo, y la primera reacción de Saúl fue pretender hacer pensar al profeta que él había obedecido a la Palabra de Dios, a lo cual Samuel responde: “Pues ¿qué balido de ovejas y bramidos de vacas es este que yo oigo con mis oídos?” Y Saúl respondió: “De Amalec los han traído, porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás, lo destruimos.” Sin lugar a dudas la reacción de Saúl, es muy común en gente desobediente que en vez de aceptar su responsabilidad, buscan culpar a alguien más.


Lo cierto es que Saúl, no tenía excusas, ya que él era el rey, el responsable y el encargado. Qué tristeza cuando en lugar de aceptar nuestro compromiso, estamos buscando culpar a otros. Cuando debemos aceptar nuestra desobediencia, arrepentirnos y ponernos bien con Dios. Esto no paso con Saúl, y el profeta comienza a decirle de las consecuencias de desobedecer la Palabra de Dios. Y el profeta le dice: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová tanto de los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. “Aquí quiero hacer un paréntesis, ya que en primer lugar, hay que desechar el pensamiento religioso, de que si yo ofrezco a Dios un sacrificio, una manda, un holocausto, eso es por llamarlo de alguna manera, una dispensa para desobedecer a Dios, pues aunque ofrezcamos a Dios todas estas cosas, todavía Dios manda obediencia en cada área de nuestra vida.


También el pasaje habla de “Prestar atención.” Creo que en ocasiones, nuestra falta de obediencia, tiene que ver con el hecho de que sencillamente, no estamos atentos; estamos distraídos con el placer, con las redes sociales, con tantas cosas en nuestra vida, que hemos estado completamente distraídos en obedecer lo que Dios dice. La rebelión y la obstinación, son comparables a la adivinación y a los ídolos “idolatría,” es decir, para Dios, de ninguna manera es algo pequeño que nosotros seamos desobedientes a su Palabra.


Finalmente y en contraste, en el versículo 33, encontramos una escena terrorífica y espantosa, ya que Samuel cortó en pedazos a Agag delante de Jehová el profeta, juez y sacerdote, siendo el hombre de Dios que era, llevando acabo semejante acto, creo que no lo hizo con ira, en enojo, o en reproche, sino que lo hizo con quebranto y con lágrimas, corriendo por sus mejillas, y mostrándole a Saúl, que es como Dios demanda que lo obedezcamos, sin excusas, sin pretextos, sin mentiras. Que Dios nos dé gracia de vivir en la obediencia que el Señor demanda.


Iglesia Bíblica Bautista

Calle Nube 560, Colonia Garita de Jalisco. Tel. 841-5387 www.ibbslp.org.mx

Horario. Domingo 10:00 A.M. y 12:00 P.M. 6:00PM; Miércoles 7:00 P.M.


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