/ lunes 20 de septiembre de 2021

[En video] "Se sufre por soñar con una vida mejor": migrantes José y Luis

“No sabemos qué es comer tres veces al día, ni trabajar sin miedo a que te lleven las pandillas; queremos construir otra vida”

  • Las cifras oficiales de la SEGOB, registraron alrededor de 74,000 llegadas de inmigrantes hondureños, guatemaltecos y salvadoreños a México el año 2020 y parte de este 2021
  • A San Luis Potosí arriban diariamente entre 140 y 250 migrantes, donde menos del 1 por ciento decide quedarse en el Estado y residir de manera definitiva
  • SLP cuenta con una Ley de Migración vigente, que establece las obligaciones del estado con las personas migrantes extranjeras en tránsito por la Entidad

La ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, ha dejado ir a dos de sus queridos hijos; la violencia, la desigualdad y las pandillas, no permitieron que José y Luis continuaran su vida en el lugar que los vio nacer.

Se despidieron sin saber si algún día retornarán a los brazos de su familia, ellos sólo huyen con el terror a cuestas de que la lucha pandilleril por los territorios acabe con su vida y la de los suyos.

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Su equipaje es ligero, pues sólo así tendrán la destreza de subir rápidamente a los vagones del tren que los llevará a su destino. Un suéter desgastado y los únicos zapatos que pueden soportar su andar, son la única vestimenta que llevan desde que comenzaron este viaje repleto de miedo y esperanza.

En sus mochilas, van guardados los recuerdos de la vida que dejaron atrás, se encuentran escondidos, casi como si no quisieran saber de ellos. La foto de la madre de José se asoma entre un cierre que queda entreabierto, también se ve la de sus hijos y entonces vuelve a tener presente por qué inició este peligroso viaje.

ARRIBA DE “LA BESTIA” SE VIAJA EN LA NADA

A José y Luis les acompañan 300 hermanos, -como ellos les dicen-, de diferentes lugares como de Guatemala, El Salvador y Haití.

Juntos desde hace 36 días, decidieron "montar" el lomo laminado de "La Bestia", una red de trenes de carga que marcan la ruta directa hacia los Estados Unidos, donde San Luis Potosí forma parte del recorrido de este "monstruo de acero".

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Temerosos y sin dinero, llegaron al barrio de Tlaxcala, una de las zonas peligrosas de la Capital donde arriba el tren.

Con la mirada fija en el piso, reconocen su desconfianza por haber bajado a esta ciudad. Han sobrellevado más de cinco semanas en un desplazamiento donde se encontraron de frente con el crimen organizado, las mafias y también, ¿por qué no decirlo?, los compañeros de viaje que utilizan la violencia como herramienta para subsistir.

"Ha sido un viaje muy duro y repleto de dolor, saber nuestro futuro incierto y que corremos peligro cada día, nos tiene preocupados".

"Cuando se viaja en La Bestia, se viaja en la nada. No sabes dónde ni con quién estás. Se teme por la vida de uno y la de los demás", refirió José.

Y es que, los trayectos son tan largos que pueden pasar días montados en las cajas del tren, hasta que realizan alguna parada, que muy seguramente, puede conllevar actos repletos de violencia.

"Hay que estar al tanto de lo que sucede alrededor, porque llegan "los malos" a quitarnos todo, la comida, el dinero, la ropa, hasta a las niñas y las mujeres".

"México también está lleno de violencia. Cuando comenzamos este viaje, nos dimos cuenta que enfrentaríamos muchos problemas".

A su llegada a San Luis Potosí, José y Luis relatan cómo a unos minutos de haber bajado del vagón, los increpó un grupo criminal, qué le solicitó una cuota obligatoria por pisar suelo mexicano.

"Nos quedamos sin nada, no traemos ni para comprar un pan. Llegaron unos tipos armados a las vías del tren, a muchos los golpearon, a mí me cortaron con una navaja", aseguró Luis.

"Ellos creen que llegamos con mucho dinero para poder pagar a alguien que nos cruce al otro lado, pero no es así. En nuestras primeras millas de viaje otros malvivientes ya nos lo han arrebatado todo", señalaron.

HUYEN POR ENCONTRA UN MUNDO MEJOR

Secuestro, extorsión, abuso sexual y golpes, son algunas de las terribles situaciones que enfrentan las personas desplazadas por la violencia de centroamérica, quienes en su total desesperación se ven obligados a recorrer más de mil 450 millas, para huir de la precariedad y delincuencia que les persigue.

El camino es largo y la ayuda es poca. El hambre se vuelve abismal, su mente cansada y agotada clama por un sitio seguro en dónde guarecerse.

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Jose y Luis solicitaron ayuda a la "Casa de la Caridad del Migrante". El día que llegaron a tierra Potosina, bajaron del tren junto con otras 150 personas, las decenas restantes siguieron su camino arriba de “La Bestia”.

El albergue estaba lleno en su totalidad, con un máximo de 250 personas que habían llegado ya en viajes anteriores.

Esta casa de atención humanitaria, atiende en su mayoría a población centroamericana principalmente de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, sin embargo, está abierta para el migrante nacional e internacional sin distinción de credo, género y edad.

No obstante, el día que José y Luis decidieron bajarse del tren no había espacio suficiente para poder apoyarles. No tuvieron la suerte de contar con un cobertor y un plato de comida caliente a la mano en su día número 37 de viaje.

"No nos quedó de otra que dormir a las orillas de las vías del tren e ir a pie al centro de la ciudad para pedir y solicitar un poco de ayuda. Tenemos hambre y frío".

XENOFIBIA CONTRA LOS MIGRANTES

En las calles de San Luis, la gente mira a José y Luis con desdén y un poco de desprecio. Son pocos los que llegan a darles una moneda.

En un instante se ve a un Policía Municipal acercarse a ellos, los discrimina y señala, les grita "par de vagos, regrésense a su país".

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Esta es una de las tantas experiencias de xenofobia a las que se enfrentan los migrantes. Y es que las violencias sistémicas de las que son objeto vulneran sus Derechos Humanos en su tránsito por México, así lo mencionó la colaboradora de la Clínica de Litigio Estratégico en Derechos Humanos, perteneciente a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Karla Tapia, quien se dedica a dar acompañamiento jurídico y legal, así como a la defensa de los derechos humanos de los grupos de atención prioritaria, como lo son los migrantes.

La especialista contó que a lo largo de este acompañamiento que se hace a la población migrante, se han detectado varios puntos, en los que se les criminaliza, además de enfrentar delitos en razón de odio, es decir agresiones xenófobas que no se deben invisibilizar, ante el desacuerdo de muchas personas con la llegada de migrantes.

La experta señaló que la sociedad mexicana, y en específico la población de San Luis Potosí, necesita tener empatía con las personas migrantes, ya que ellos son sujetos de Derecho, que pueden viajar, para buscar nuevas y mejores oportunidades, y se debe reconocer que lo hacen para encontrar mejores condiciones de vida en razón de las condiciones inhumanas en sus lugares de procedencia.

MIGRACIÓN, UNA CONSTANTE Y UN DERECHO

Dentro de este fenómeno sociocultural de la migración, existen ciertas divisiones en muchos ámbitos, entre ellos la forma en la que perciben y catalogan a las personas según su lugar de procedencia, como lo ha hecho de manera constante, el Instituto Nacional de Migración.

Karla Tapia, explica que en el ámbito migratorio existen algunas discrepancias como el llegar a considerar “personas extranjeras” a quienes provienen de países asiáticos y europeos, y a las personas venidas de Centroamérica se les señala de manera negativa como migrantes. “Este tipo de acciones enmarcan que hay una constante criminalización y discriminación hacia las y los centroamericanos”.

“México ya no es un país sólo de tránsito para llegar a los Estados Unidos, sino que es receptor de personas migrantes que desean residir aquí y formar una buena vida, sin aquellas violaciones y atentados contra su vida. Hoy día se necesita de una estrategia de comunicación puntual y efectiva para ampliar la visión de la población mexicana para que sea más empática con las personas migrantes. La migración no va dejar de suceder, es constante, y es un derecho”.

LUEGO DE UN LARGO RECORRIDO...

Después de tres días, en donde José y Luis juntaron un total de 200 pesos mexicanos, poco menos de 10 dólares estadounidenses, regresaron al Barrio de Tlaxcala, donde un aproximado de 100 personas esperaban -como ellos-, subir al tren para continuar su camino.

Se sentían temerosos, lo remarcaban en cada pisada, ¿Qué vamos hacer? ¿Llegaremos a cruzar al otro lado? ¿El viaje será más frío que en noches anteriores?, se preguntaban. “Es que nadie se imagina lo que se sufre sólo por soñar con una vida mejor. Yo no sé qué es comer tres veces al día, trabajar sin miedo a que te lleven las pandillas, yo no quiero que maten a mi esposa o violen a mi hija, no quiero sentir temor de que me quiten la cosecha. Queremos construir otra vida, tener un trabajo digno y cuidar a nuestra familia”.

“Vamos con mucha ilusión y esperanza, aunque el miedo nos atrape en ocasiones. Si no llegamos, al menos diremos que lo intentamos, nos gustó Veracruz, la gente de ahí es muy cálida y nos gustaría regresar a trabajar ahí, en caso de no cruzar a los Estados Unidos”.

El piso comenzó a vibrar, el hierro de las vías temblaba anunciando que “La Bestia” estaba apunto de llegar. José y Luis se dieron prisa, y a empujones lograron ponerse hasta adelante. Sus rostros ya no eran visibles entre la multitud, así fue como dijeron adiós.

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  • A San Luis Potosí arriban diariamente entre 140 y 250 migrantes, donde menos del 1 por ciento decide quedarse en el Estado y residir de manera definitiva
  • SLP cuenta con una Ley de Migración vigente, que establece las obligaciones del estado con las personas migrantes extranjeras en tránsito por la Entidad

La ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras, ha dejado ir a dos de sus queridos hijos; la violencia, la desigualdad y las pandillas, no permitieron que José y Luis continuaran su vida en el lugar que los vio nacer.

Se despidieron sin saber si algún día retornarán a los brazos de su familia, ellos sólo huyen con el terror a cuestas de que la lucha pandilleril por los territorios acabe con su vida y la de los suyos.

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Su equipaje es ligero, pues sólo así tendrán la destreza de subir rápidamente a los vagones del tren que los llevará a su destino. Un suéter desgastado y los únicos zapatos que pueden soportar su andar, son la única vestimenta que llevan desde que comenzaron este viaje repleto de miedo y esperanza.

En sus mochilas, van guardados los recuerdos de la vida que dejaron atrás, se encuentran escondidos, casi como si no quisieran saber de ellos. La foto de la madre de José se asoma entre un cierre que queda entreabierto, también se ve la de sus hijos y entonces vuelve a tener presente por qué inició este peligroso viaje.

ARRIBA DE “LA BESTIA” SE VIAJA EN LA NADA

A José y Luis les acompañan 300 hermanos, -como ellos les dicen-, de diferentes lugares como de Guatemala, El Salvador y Haití.

Juntos desde hace 36 días, decidieron "montar" el lomo laminado de "La Bestia", una red de trenes de carga que marcan la ruta directa hacia los Estados Unidos, donde San Luis Potosí forma parte del recorrido de este "monstruo de acero".

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Temerosos y sin dinero, llegaron al barrio de Tlaxcala, una de las zonas peligrosas de la Capital donde arriba el tren.

Con la mirada fija en el piso, reconocen su desconfianza por haber bajado a esta ciudad. Han sobrellevado más de cinco semanas en un desplazamiento donde se encontraron de frente con el crimen organizado, las mafias y también, ¿por qué no decirlo?, los compañeros de viaje que utilizan la violencia como herramienta para subsistir.

"Ha sido un viaje muy duro y repleto de dolor, saber nuestro futuro incierto y que corremos peligro cada día, nos tiene preocupados".

"Cuando se viaja en La Bestia, se viaja en la nada. No sabes dónde ni con quién estás. Se teme por la vida de uno y la de los demás", refirió José.

Y es que, los trayectos son tan largos que pueden pasar días montados en las cajas del tren, hasta que realizan alguna parada, que muy seguramente, puede conllevar actos repletos de violencia.

"Hay que estar al tanto de lo que sucede alrededor, porque llegan "los malos" a quitarnos todo, la comida, el dinero, la ropa, hasta a las niñas y las mujeres".

"México también está lleno de violencia. Cuando comenzamos este viaje, nos dimos cuenta que enfrentaríamos muchos problemas".

A su llegada a San Luis Potosí, José y Luis relatan cómo a unos minutos de haber bajado del vagón, los increpó un grupo criminal, qué le solicitó una cuota obligatoria por pisar suelo mexicano.

"Nos quedamos sin nada, no traemos ni para comprar un pan. Llegaron unos tipos armados a las vías del tren, a muchos los golpearon, a mí me cortaron con una navaja", aseguró Luis.

"Ellos creen que llegamos con mucho dinero para poder pagar a alguien que nos cruce al otro lado, pero no es así. En nuestras primeras millas de viaje otros malvivientes ya nos lo han arrebatado todo", señalaron.

HUYEN POR ENCONTRA UN MUNDO MEJOR

Secuestro, extorsión, abuso sexual y golpes, son algunas de las terribles situaciones que enfrentan las personas desplazadas por la violencia de centroamérica, quienes en su total desesperación se ven obligados a recorrer más de mil 450 millas, para huir de la precariedad y delincuencia que les persigue.

El camino es largo y la ayuda es poca. El hambre se vuelve abismal, su mente cansada y agotada clama por un sitio seguro en dónde guarecerse.

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Jose y Luis solicitaron ayuda a la "Casa de la Caridad del Migrante". El día que llegaron a tierra Potosina, bajaron del tren junto con otras 150 personas, las decenas restantes siguieron su camino arriba de “La Bestia”.

El albergue estaba lleno en su totalidad, con un máximo de 250 personas que habían llegado ya en viajes anteriores.

Esta casa de atención humanitaria, atiende en su mayoría a población centroamericana principalmente de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, sin embargo, está abierta para el migrante nacional e internacional sin distinción de credo, género y edad.

No obstante, el día que José y Luis decidieron bajarse del tren no había espacio suficiente para poder apoyarles. No tuvieron la suerte de contar con un cobertor y un plato de comida caliente a la mano en su día número 37 de viaje.

"No nos quedó de otra que dormir a las orillas de las vías del tren e ir a pie al centro de la ciudad para pedir y solicitar un poco de ayuda. Tenemos hambre y frío".

XENOFIBIA CONTRA LOS MIGRANTES

En las calles de San Luis, la gente mira a José y Luis con desdén y un poco de desprecio. Son pocos los que llegan a darles una moneda.

En un instante se ve a un Policía Municipal acercarse a ellos, los discrimina y señala, les grita "par de vagos, regrésense a su país".

Juanita Olivo | El Sol de San Luis

Esta es una de las tantas experiencias de xenofobia a las que se enfrentan los migrantes. Y es que las violencias sistémicas de las que son objeto vulneran sus Derechos Humanos en su tránsito por México, así lo mencionó la colaboradora de la Clínica de Litigio Estratégico en Derechos Humanos, perteneciente a la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Karla Tapia, quien se dedica a dar acompañamiento jurídico y legal, así como a la defensa de los derechos humanos de los grupos de atención prioritaria, como lo son los migrantes.

La especialista contó que a lo largo de este acompañamiento que se hace a la población migrante, se han detectado varios puntos, en los que se les criminaliza, además de enfrentar delitos en razón de odio, es decir agresiones xenófobas que no se deben invisibilizar, ante el desacuerdo de muchas personas con la llegada de migrantes.

La experta señaló que la sociedad mexicana, y en específico la población de San Luis Potosí, necesita tener empatía con las personas migrantes, ya que ellos son sujetos de Derecho, que pueden viajar, para buscar nuevas y mejores oportunidades, y se debe reconocer que lo hacen para encontrar mejores condiciones de vida en razón de las condiciones inhumanas en sus lugares de procedencia.

MIGRACIÓN, UNA CONSTANTE Y UN DERECHO

Dentro de este fenómeno sociocultural de la migración, existen ciertas divisiones en muchos ámbitos, entre ellos la forma en la que perciben y catalogan a las personas según su lugar de procedencia, como lo ha hecho de manera constante, el Instituto Nacional de Migración.

Karla Tapia, explica que en el ámbito migratorio existen algunas discrepancias como el llegar a considerar “personas extranjeras” a quienes provienen de países asiáticos y europeos, y a las personas venidas de Centroamérica se les señala de manera negativa como migrantes. “Este tipo de acciones enmarcan que hay una constante criminalización y discriminación hacia las y los centroamericanos”.

“México ya no es un país sólo de tránsito para llegar a los Estados Unidos, sino que es receptor de personas migrantes que desean residir aquí y formar una buena vida, sin aquellas violaciones y atentados contra su vida. Hoy día se necesita de una estrategia de comunicación puntual y efectiva para ampliar la visión de la población mexicana para que sea más empática con las personas migrantes. La migración no va dejar de suceder, es constante, y es un derecho”.

LUEGO DE UN LARGO RECORRIDO...

Después de tres días, en donde José y Luis juntaron un total de 200 pesos mexicanos, poco menos de 10 dólares estadounidenses, regresaron al Barrio de Tlaxcala, donde un aproximado de 100 personas esperaban -como ellos-, subir al tren para continuar su camino.

Se sentían temerosos, lo remarcaban en cada pisada, ¿Qué vamos hacer? ¿Llegaremos a cruzar al otro lado? ¿El viaje será más frío que en noches anteriores?, se preguntaban. “Es que nadie se imagina lo que se sufre sólo por soñar con una vida mejor. Yo no sé qué es comer tres veces al día, trabajar sin miedo a que te lleven las pandillas, yo no quiero que maten a mi esposa o violen a mi hija, no quiero sentir temor de que me quiten la cosecha. Queremos construir otra vida, tener un trabajo digno y cuidar a nuestra familia”.

“Vamos con mucha ilusión y esperanza, aunque el miedo nos atrape en ocasiones. Si no llegamos, al menos diremos que lo intentamos, nos gustó Veracruz, la gente de ahí es muy cálida y nos gustaría regresar a trabajar ahí, en caso de no cruzar a los Estados Unidos”.

El piso comenzó a vibrar, el hierro de las vías temblaba anunciando que “La Bestia” estaba apunto de llegar. José y Luis se dieron prisa, y a empujones lograron ponerse hasta adelante. Sus rostros ya no eran visibles entre la multitud, así fue como dijeron adiós.

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