/ miércoles 16 de septiembre de 2020

Hablemos de música

José Pablo Moncayo incursionó el nacionalismo mexicano y tendencias de vanguardia

Hoy recordamos la obra coral, ballet, ópera, piezas sinfónicas, música para cine y de cámara del autor del Huapango: José Pablo Moncayo.

Conocido en el mundo por su famoso Huapango, pieza sinfónica que a 79 años de su creación ocupa un lugar privilegiado en la obra musical universal, José Pablo Moncayo es autor de un amplio repertorio que comprende géneros diversos: coral, ballet, ópera, música para cine, piezas sinfónicas y música de cámara.

Nacido el 29 de junio de 1912, Moncayo se trasladó con su familia a la Ciudad de México en 1927 y dos años después ingresó al Conservatorio Nacional de Música. Estudió piano con Eduardo Hernández Moncada, armonía con Candelario Huízar y composición con Carlos Chávez. De manera paralela, trabajaba como pianista en cafés, fiestas y emisoras de radio acompañando a los cantantes de moda para pagar su carrera profesional.

Aunque el pasado 16 de junio se conmemoró el 62 aniversario luctuoso del compositor oriundo de Guadalajara, Jalisco, considerado uno de los representantes del nacionalismo musical mexicano del siglo XX, su vasto legado musical, creado entre los años 1931 y 1958, permite ver que también estuvo vinculado con las tendencias de vanguardia que le permitieron evolucionar hacia un estilo más libre.

En la Orquesta Sinfónica Nacional, que dirigía Carlos Chávez, dio sus primeros pasos como percusionista en 1931. Al poco tiempo mostró su talento para la composición y generó sus primeras obras, entre las que se encuentra la Sonata para viola y piano en 1934.

Junto con Blas Galindo, Daniel Ayala y Salvador Contreras, discípulos de Carlos Chávez, formaron el Grupo de los cuatro, que tenía como propósito dar a conocer sus obras en conciertos y fomentar la música mexicana. Su primer concierto se llevó a cabo el 25 de noviembre de 1935 en el Teatro Orientación, donde Moncayo estrenó Amatzinac, obra para flauta y cuarteto clásico que más tarde fue orquestada para flauta y orquesta de cuerda. Amatzinac, que en lengua náhuatl significa “en el agua del papel venerado”, fue calificada como una pieza de carácter impresionista. Al año siguiente compuso la Sonata para violín y piano, obra de características rítmicas modernistas.

El 15 de agosto de 1941 el Palacio de Bellas Artes fue el escenario donde el público escuchó por primera ocasión el Huapango, interpretado por la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez. En esta pieza recurre a tres sones tradicionales del puerto de Alvarado en Veracruz: El Ziqui-ziri, Balajú y El Gavilán, producto del viaje que realizó a esta localidad y donde conoció en la “fiesta del fandango” los ritmos que lo inspiraron para crear su obra maestra.

El Huapango, que se distingue por su brillantez, genialidad, contrastes y ritmos, constituye su pieza más representativa y la más reconocida en el país y en el extranjero. Desde su estreno, no ha dejado de tocarse en México y en el mundo, entre ellas la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, una de las más importantes de Venezuela; la Orquesta del Teatro Mariinsky, de Rusia; la London Philharmonic Orchestra, de Reino Unido, y la Orquesta Filarmónica de Rotterdam, Holanda, que dirigió en su momento Eduardo Mata.

Si bien Huapango se convirtió en la obra más popular de Moncayo y símbolo de la música mexicana, escrita a los 29 años, también sería una pieza que eclipsó su posterior producción. Es el caso de obras como Sinfonía, que concluyó durante su estancia en el Festival de Berkshire en 1942, gracias a una beca que obtuvo del Instituto Berkshire de Serge Koussevitzki, en el que asistió a los cursos impartidos por Aaron Copland en Tanglewood y en donde Leonard Bernstein y Blas Galindo fueron sus condiscípulos.

La obra premiada en agosto de 1944 por José Rolón, Juan Tercero y Luis Sandi, en el concurso al que convocó la Orquesta Sinfónica de México, fue presentada por Moncayo con el seudónimo Mundo y tuvo su estreno el 1 de septiembre de 1944 bajo la dirección de Carlos Chávez. A pesar de su excelente construcción musical, la obra no volvió a interpretarse hasta el 27 de marzo de 1992, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Enrique Diemecke, quien realizó su primera grabación.

Moncayo también compuso obras como Sinfonietta (1945), que estrenó el mismo año la Orquesta Sinfónica de México bajo la batuta del propio autor y que responde a su peculiar estilo nacionalista; Tres piezas para orquesta (1947) y Homenaje a Cervantes, para dos oboes y orquesta de cuerda (1947), en el marco del cuarto centenario del nacimiento del escritor Miguel de Cervantes (1546-1616).

Otras piezas relevantes son La mulata de Córdoba, ópera en un solo acto estrenada el 23 de octubre del mismo año en el Palacio de Bellas Artes, dirigida por el propio compositor y el poema sinfónico Tierra de temporal (1949), escrita para conmemorar el centenario de Chopin (1810-1849) y en la cual abandona la forma clásica de la sinfonía para producir obras de tipo rapsódico. Esta pieza inspiró al coreógrafo Guillermo Arriaga, quien la convirtió en el famoso ballet Zapata, estrenado el 11 de agosto de 1953 en el Teatro National Studio de Bucarest.

Ya reconocido internacionalmente, José Pablo Moncayo fue nombrado subdirector de la Orquesta Sinfónica de México, hoy Sinfónica Nacional, en 1945, y de 1949 a 1954, director artístico de la misma. Dirigió también la Orquesta Sinfónica del Conservatorio. En este lapso su creatividad musical siguió en ebullición y compuso Muros verdes, una obra para piano en la que anticipa las escalas del jazz modal de las décadas de los sesenta y setenta; Cumbres (1953), poema sinfónico que estrenó en 1954, y Bosques (1954), poema sinfónico presentado en 1957 por la Orquesta Sinfónica de Guadalajara bajo la dirección de Blas Galindo.

José Pablo Moncayo dejó un legado musical amplio, con obras para piano, canto y piano, dúos instrumentales, tríos, quintetos, sextetos, orquesta de cámara y sinfónica, vocal, suite de ballet, ópera y música para cine.

Existen dos piezas que se consideran inéditas: la obra coral La canción del mar (1948), que constituye uno de los escasos ejemplos de música vocal del compositor, y Cuento de la potranca (1954), creada para el filme Raíces.

Moncayo murió el 16 de junio de 1958 en la Ciudad de México, con lo cual se dio por terminado el periodo musical conocido como nacionalismo mexicano. La partitura para ballet Tierra (1956) se estrenó en septiembre de 1958, pero su representación coreográfica se llevó a cabo hasta 2012, año del centenario de su nacimiento.

Hoy recordamos la obra coral, ballet, ópera, piezas sinfónicas, música para cine y de cámara del autor del Huapango: José Pablo Moncayo.

Conocido en el mundo por su famoso Huapango, pieza sinfónica que a 79 años de su creación ocupa un lugar privilegiado en la obra musical universal, José Pablo Moncayo es autor de un amplio repertorio que comprende géneros diversos: coral, ballet, ópera, música para cine, piezas sinfónicas y música de cámara.

Nacido el 29 de junio de 1912, Moncayo se trasladó con su familia a la Ciudad de México en 1927 y dos años después ingresó al Conservatorio Nacional de Música. Estudió piano con Eduardo Hernández Moncada, armonía con Candelario Huízar y composición con Carlos Chávez. De manera paralela, trabajaba como pianista en cafés, fiestas y emisoras de radio acompañando a los cantantes de moda para pagar su carrera profesional.

Aunque el pasado 16 de junio se conmemoró el 62 aniversario luctuoso del compositor oriundo de Guadalajara, Jalisco, considerado uno de los representantes del nacionalismo musical mexicano del siglo XX, su vasto legado musical, creado entre los años 1931 y 1958, permite ver que también estuvo vinculado con las tendencias de vanguardia que le permitieron evolucionar hacia un estilo más libre.

En la Orquesta Sinfónica Nacional, que dirigía Carlos Chávez, dio sus primeros pasos como percusionista en 1931. Al poco tiempo mostró su talento para la composición y generó sus primeras obras, entre las que se encuentra la Sonata para viola y piano en 1934.

Junto con Blas Galindo, Daniel Ayala y Salvador Contreras, discípulos de Carlos Chávez, formaron el Grupo de los cuatro, que tenía como propósito dar a conocer sus obras en conciertos y fomentar la música mexicana. Su primer concierto se llevó a cabo el 25 de noviembre de 1935 en el Teatro Orientación, donde Moncayo estrenó Amatzinac, obra para flauta y cuarteto clásico que más tarde fue orquestada para flauta y orquesta de cuerda. Amatzinac, que en lengua náhuatl significa “en el agua del papel venerado”, fue calificada como una pieza de carácter impresionista. Al año siguiente compuso la Sonata para violín y piano, obra de características rítmicas modernistas.

El 15 de agosto de 1941 el Palacio de Bellas Artes fue el escenario donde el público escuchó por primera ocasión el Huapango, interpretado por la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez. En esta pieza recurre a tres sones tradicionales del puerto de Alvarado en Veracruz: El Ziqui-ziri, Balajú y El Gavilán, producto del viaje que realizó a esta localidad y donde conoció en la “fiesta del fandango” los ritmos que lo inspiraron para crear su obra maestra.

El Huapango, que se distingue por su brillantez, genialidad, contrastes y ritmos, constituye su pieza más representativa y la más reconocida en el país y en el extranjero. Desde su estreno, no ha dejado de tocarse en México y en el mundo, entre ellas la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, una de las más importantes de Venezuela; la Orquesta del Teatro Mariinsky, de Rusia; la London Philharmonic Orchestra, de Reino Unido, y la Orquesta Filarmónica de Rotterdam, Holanda, que dirigió en su momento Eduardo Mata.

Si bien Huapango se convirtió en la obra más popular de Moncayo y símbolo de la música mexicana, escrita a los 29 años, también sería una pieza que eclipsó su posterior producción. Es el caso de obras como Sinfonía, que concluyó durante su estancia en el Festival de Berkshire en 1942, gracias a una beca que obtuvo del Instituto Berkshire de Serge Koussevitzki, en el que asistió a los cursos impartidos por Aaron Copland en Tanglewood y en donde Leonard Bernstein y Blas Galindo fueron sus condiscípulos.

La obra premiada en agosto de 1944 por José Rolón, Juan Tercero y Luis Sandi, en el concurso al que convocó la Orquesta Sinfónica de México, fue presentada por Moncayo con el seudónimo Mundo y tuvo su estreno el 1 de septiembre de 1944 bajo la dirección de Carlos Chávez. A pesar de su excelente construcción musical, la obra no volvió a interpretarse hasta el 27 de marzo de 1992, a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Enrique Diemecke, quien realizó su primera grabación.

Moncayo también compuso obras como Sinfonietta (1945), que estrenó el mismo año la Orquesta Sinfónica de México bajo la batuta del propio autor y que responde a su peculiar estilo nacionalista; Tres piezas para orquesta (1947) y Homenaje a Cervantes, para dos oboes y orquesta de cuerda (1947), en el marco del cuarto centenario del nacimiento del escritor Miguel de Cervantes (1546-1616).

Otras piezas relevantes son La mulata de Córdoba, ópera en un solo acto estrenada el 23 de octubre del mismo año en el Palacio de Bellas Artes, dirigida por el propio compositor y el poema sinfónico Tierra de temporal (1949), escrita para conmemorar el centenario de Chopin (1810-1849) y en la cual abandona la forma clásica de la sinfonía para producir obras de tipo rapsódico. Esta pieza inspiró al coreógrafo Guillermo Arriaga, quien la convirtió en el famoso ballet Zapata, estrenado el 11 de agosto de 1953 en el Teatro National Studio de Bucarest.

Ya reconocido internacionalmente, José Pablo Moncayo fue nombrado subdirector de la Orquesta Sinfónica de México, hoy Sinfónica Nacional, en 1945, y de 1949 a 1954, director artístico de la misma. Dirigió también la Orquesta Sinfónica del Conservatorio. En este lapso su creatividad musical siguió en ebullición y compuso Muros verdes, una obra para piano en la que anticipa las escalas del jazz modal de las décadas de los sesenta y setenta; Cumbres (1953), poema sinfónico que estrenó en 1954, y Bosques (1954), poema sinfónico presentado en 1957 por la Orquesta Sinfónica de Guadalajara bajo la dirección de Blas Galindo.

José Pablo Moncayo dejó un legado musical amplio, con obras para piano, canto y piano, dúos instrumentales, tríos, quintetos, sextetos, orquesta de cámara y sinfónica, vocal, suite de ballet, ópera y música para cine.

Existen dos piezas que se consideran inéditas: la obra coral La canción del mar (1948), que constituye uno de los escasos ejemplos de música vocal del compositor, y Cuento de la potranca (1954), creada para el filme Raíces.

Moncayo murió el 16 de junio de 1958 en la Ciudad de México, con lo cual se dio por terminado el periodo musical conocido como nacionalismo mexicano. La partitura para ballet Tierra (1956) se estrenó en septiembre de 1958, pero su representación coreográfica se llevó a cabo hasta 2012, año del centenario de su nacimiento.

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