Santos: en busca de ayuda para alimentar a sus 10 perros en la capital
Negro, Negrita, Sparki, Sparka, Chatita, Señora Chatota, Coqueto, han demostrado ser mejor compañía que algunos humanos
Mayra Tristán / El Sol de San Luis
Negro, Negrita, Sparki, Sparka, Chatita, Señora Chatota, Coqueto, han demostrado ser mejor compañía que algunos humanos. Aunque pudiera pensarse que Santos está solo, no es así, lo acompaña más de una decena de amigos.
En un amplio predio ubicado en Prolongación Dalias #1150, se observa un par de canes acostados mientras otros juegan, todos dejan lo que están haciendo y siguen a su dueño, Santos Solano, que se recarga en la cerca de malla de acero para contar su historia.
Hace poco más de un año, un conocido le comentó que el dueño de ese predio a quien se refiere como "ingeniero", buscaba a una persona con perros para que cuidara el lugar; él aceptó el trabajo y se fue a vivir ahí, pero al ver que el tiempo pasaba y no recibía un salario a cambio, comenzó a salir a los alrededores para recoger latas de aluminio, cartones y otros objetos que luego vende para llegarse unas monedas que le ayuden, no solamente a adquirir alimentos para él, sino también para más de una decena de perritos.
La historia de Santos comenzó en El Salvador, de donde es originario, sin embargo a temprana edad su país "entró en guerra", y la opción para los niños era: unirse al ejército o a las guerrillas, así fue como a los 15 años ingresó a la milicia, en sus piernas lleva rastros de las batallas que libró.
A los 17 años su madre se lo llevó a Estados Unidos, él quería trabajar, pero al ser menor de edad ella le dijo que tenía que dedicarse a estudiar, "yo le dije que no quería estudiar en Estados Unidos, que mejor me mandara a Canadá, y estuve en Ontario". Al cumplir la mayoría de edad regresó a Estados Unidos, pero al paso del tiempo fue deportado, aunque para entonces ya había conocido a una mujer que viajó con él a México, "por culpa de una potosina estoy aquí", dice con una sonrisa.
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Aunque el plan de Santos era estar en San Luis Potosí sólo un tiempo, "fue más fuerte el amor" que el deseo de regresar al vecino país del norte en busca de mejores oportunidades de vida, lleva aquí ya 15 años, tiempo en el que su historia de amor se vio afectada, pues hace poco se separó de su "chica", aunque no pierde la esperanza de la reconciliación ya que ella lo ha buscado nuevamente, "a lo mejor para Navidad ese es mi regalo" menciona ilusionado.
Mientras la vida o el destino determinan si Santos regresa con su pareja, él es acompañado por más de una decena de perritos que le alegran el día, lo ayudan en su labor de vigilante, y también a ganarse unas monedas cuando lo acompañan en la pepena, pues por ejemplo Sparky puede ser hipnotizado y quedar dormido al instante, lo que la gente recompensa con unas monedas.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, pues hay vecinos que se han quejado de los perros, ya que cuando ellos pasan con sus mascotas les ladran; también hay ocasiones en que gente bien intencionada ve que los perros están solos y escarban bajo la cerca para darles alimento, pero olvidan tapar los agujeros y entonces los perros se salen del predio, lo que molesta a los vecinos, además de que obliga Santos recorrer las calles buscándolos para llevarlos nuevamente a su hogar; y también hay quienes azuzan a los animales y después se quejan porque éstos les ladran.
"Ellos no son malos, no son agresivos, es la gente la que les hace cosas", y lo que dice Santos se pudo comprobar durante la entrevista, pues dos jóvenes que no se percataron de la presencia de Santos y de la cámara de El Sol de San Luis, le gritaron a los perros y enmudecieron al verse descubiertos; también una mujer se acercó a dar la queja de que los perros se han peleado con algunas mascotas. Santos pide que se tome en cuenta que gracias a su estancia y la de sus perros, el predio no ha sido invadido por la delincuencia.
Compartió que ha tenido amigos que en lugar de ayudarlo, le han robado lo poco que tiene, por ejemplo hace una semana una persona que lo acompañaría a vender las latas que había recolectado, le robó una bocina en la que escuchaba música. Por eso prefiere la compañía perruna.
Aunque él trata de sostenerse con la pepena, abriendo la puerta a los clientes en tiendas de conveniencia, o con los trucos de sus perritos, reconoce que hay días en que no es suficiente, por lo que está abierto a recibir ayuda, y en lo primero que piensa es en sus compañeros, pide alimentos o medicinas para los perros, ya que hay ocasiones en que se lastiman entre ellos al pelear por la comida, por eso también solicita que si llevan alimento y él no se encuentra, dejen las bolsas colgadas en la cerca, para que él les distribuya las croquetas y todos coman sin pelearse.
Para él pide cobijas y ropa, pues aunque aún no desciende en sobremanera el termómetro, ya ha pasado noches difíciles a causa de las bajas temperaturas. Y aunque son sus compañeros, está dispuesto a desprenderse de sus cánidos si es para ir a un hogar en donde tengan una mejor vida, porque así son los amigos, esperan lo mejor para ti aunque estés lejos.
En redes sociales ya comenzaron a solicitar apoyo para Santos, pues la situación es complicada, ya que dos de las hembras están embarazadas y hay cachorros pequeños. Santos y los perritos enfrentan un frío intenso, viviendo en condiciones precarias: él en cajas de cartón y los perros refugiados debajo de un carro móvil. Santos menciona que necesita ropa, zapatos, ropa interior o cualquier prenda útil para una persona de talla mediana. Para los perritos, solicita croquetas, agua, comida y ropa vieja que pueda usarse como suéteres para protegerlos del frío. Se pide a quienes deseen apoyar que, si Santos no está en el lugar, no arrojen la comida a los perros, sino que la dejen colgada en la malla del terreno, ya que los perros más grandes atacan a los pequeños por la comida.