/ viernes 19 de abril de 2019

Lágrimas y reflexión en la 58 edición de la Pasión Viviente en San Juan de Guadalupe

Unos 4 mil potosinos presenciaron la Pasión de Cristo en el atrio del templo, donde 80 actores del taller de teatro recrearon durante hora y media la muerte de Jesús

A sus 12 años, Andrea, que vino desde Ahualulco, no soportó más y sus lágrimas le mojaron las mejillas que reflejaban el intenso sol vespertino. En lo alto, Jesús de Nazareth, decía sus últimas palabras desde la Cruz: “padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

“No mamá, no quiero ver esto, ¿por qué pasó?, ¿por qué lo trataron así?, ¿por qué tanta maldad?”, le preguntaba a su madre que se quedó sin palabras, sollozando, contagiada del natural sentimiento de su pequeña hija.

Y así como ellas, que vinieron a la capital por cuestiones familiares, unos cuatro mil potosinos presenciaron la Pasión de Cristo en el atrio de San Juan de Guadalupe, donde 80 actores del taller de teatro recrearon durante hora y media la muerte de Jesús de Nazareth, interpretado por Miguel Angel Zavala Pérez, que hizo su debut.

El cuerpo frágil pero la mente fuerte; la espalda que recibió cientos de latigazos hasta mostrar la carne abierta y la sangre brotar; la corona de espinas que le perforó el cuero cabelludo; las caídas constantes con el madero a cuestas y Miguel Angel de 31 años seguía y seguía, hasta el final.

El Jesús de San Juan de Guadalupe preparó su cuerpo para el castigo inmisericorde, pero preparó más su mente en la fe, en la esperanza y en la humildad. Esa entrega contagió a los miles de asistentes que, en silencio, presenciaron los últimos momentos en la vida del nazareno.

Personas en sillas de ruedas, con enfermedades visibles diversas, de la tercera edad, de escasos recursos, presenciaron bajo un sol calcinante y una temperatura de 33 grados, el juicio a Jesús, su viacrucis, su sufrimiento, su clamor, sus lágrimas, el amor de su madre, la burla y la sentencia de muerte.

Como tradicionalmente ocurre, los actores del Taller de Teatro de San Juan de Guadalupe no tuvieron apoyo institucional y ni siquiera les alcanzó para contratar las vallas metálicas que dividen el escenario de los asistentes, quienes pudieron estar casi codo con codo con los actores, que incluso a veces tuvieron qué abrirse paso con sus lanzas entre la gente.

La vendimia no se hizo esperar, pero la gente no traía suficiente dinero para gastar. Algunos paraguas, raspados de diversos sabores, fritangas y agua naturales, fue lo más solicitado.

“Mamá ¿por qué le pegan?”, insistía Andrea, que por primera vez presenciaba, escuchaba y parecía que sentía, los golpes que recibía “Jesús”, con su espalda desnuda con línea rojas de lado a lado, mientras sus verdugos se burlaban y su madre, desconsolada, sufría por su hijo.

Llegó entonces el momento crucial. Jesús, el buen ladrón y Gestas fueron subidos a sus respectivas cruces. Las miradas, los celulares, las cámaras, todos observando los últimos momentos del nazareno, quien después de pronunciar sus últimas palabras, inclinó su cabeza al lado derecho.

Efectos de humo y cohetes que retumbaron en el cielo y rompieron la concentración de los presentes, fueron la despedida de la edición número 58 de la Pasión Viviente en el barrio de San Juan de Guadalupe, sin que se reportara ningún tipo de incidente.

A sus 12 años, Andrea, que vino desde Ahualulco, no soportó más y sus lágrimas le mojaron las mejillas que reflejaban el intenso sol vespertino. En lo alto, Jesús de Nazareth, decía sus últimas palabras desde la Cruz: “padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

“No mamá, no quiero ver esto, ¿por qué pasó?, ¿por qué lo trataron así?, ¿por qué tanta maldad?”, le preguntaba a su madre que se quedó sin palabras, sollozando, contagiada del natural sentimiento de su pequeña hija.

Y así como ellas, que vinieron a la capital por cuestiones familiares, unos cuatro mil potosinos presenciaron la Pasión de Cristo en el atrio de San Juan de Guadalupe, donde 80 actores del taller de teatro recrearon durante hora y media la muerte de Jesús de Nazareth, interpretado por Miguel Angel Zavala Pérez, que hizo su debut.

El cuerpo frágil pero la mente fuerte; la espalda que recibió cientos de latigazos hasta mostrar la carne abierta y la sangre brotar; la corona de espinas que le perforó el cuero cabelludo; las caídas constantes con el madero a cuestas y Miguel Angel de 31 años seguía y seguía, hasta el final.

El Jesús de San Juan de Guadalupe preparó su cuerpo para el castigo inmisericorde, pero preparó más su mente en la fe, en la esperanza y en la humildad. Esa entrega contagió a los miles de asistentes que, en silencio, presenciaron los últimos momentos en la vida del nazareno.

Personas en sillas de ruedas, con enfermedades visibles diversas, de la tercera edad, de escasos recursos, presenciaron bajo un sol calcinante y una temperatura de 33 grados, el juicio a Jesús, su viacrucis, su sufrimiento, su clamor, sus lágrimas, el amor de su madre, la burla y la sentencia de muerte.

Como tradicionalmente ocurre, los actores del Taller de Teatro de San Juan de Guadalupe no tuvieron apoyo institucional y ni siquiera les alcanzó para contratar las vallas metálicas que dividen el escenario de los asistentes, quienes pudieron estar casi codo con codo con los actores, que incluso a veces tuvieron qué abrirse paso con sus lanzas entre la gente.

La vendimia no se hizo esperar, pero la gente no traía suficiente dinero para gastar. Algunos paraguas, raspados de diversos sabores, fritangas y agua naturales, fue lo más solicitado.

“Mamá ¿por qué le pegan?”, insistía Andrea, que por primera vez presenciaba, escuchaba y parecía que sentía, los golpes que recibía “Jesús”, con su espalda desnuda con línea rojas de lado a lado, mientras sus verdugos se burlaban y su madre, desconsolada, sufría por su hijo.

Llegó entonces el momento crucial. Jesús, el buen ladrón y Gestas fueron subidos a sus respectivas cruces. Las miradas, los celulares, las cámaras, todos observando los últimos momentos del nazareno, quien después de pronunciar sus últimas palabras, inclinó su cabeza al lado derecho.

Efectos de humo y cohetes que retumbaron en el cielo y rompieron la concentración de los presentes, fueron la despedida de la edición número 58 de la Pasión Viviente en el barrio de San Juan de Guadalupe, sin que se reportara ningún tipo de incidente.

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