/ domingo 29 de noviembre de 2020

El viernes negro del sargento Oscar; Covid-19 mató a sus papás

El virus encontró las debilidades, para incubarse en el cuerpo de un hombre fuerte y recio

  • “La enfermedad te dopa, no piensas con claridad, te confunde, te agota y te bloquea... ¡no piensas!”
  • Todo se te olvida y por más que que duermas o te recuestes no descansas, te levantas igual”
  • “Tuve suerte, y a mis 36 años me quedo con un medicamento de por vida para resarcir el daño, lo mejor que puede hacer la gente es cuidarse, cuidarse mucho y para tratar de sobrevivir”

Eran las 11:00 de la noche de un viernes de franquicia, cuando al Sargento Primero de Infantería, Oscar Pacheco, le anunciaron la repentina muerte de su padre a consecuencia del Covid-19, horas más tarde su madre seguiría con la misma suerte, iniciando así difíciles días de temor y aislamiento.

Era su semana de descanso después de largos meses de operaciones en la sierra fronteriza entre Michoacán y Jalisco, emocionado llegó a pasar sus días de franquicia con sus progenitores, encontrándose con que su padre presentaba signos de una enfermedad respiratoria, su madre no.

Al tercer día de su llegada, un trágico viernes, su hermana y esposo anunciaron ser positivos al Covid-19, de inmediato le hacen la prueba a su padre, un ex militar en retiro de avanzada edad, quien antes de tener los resultados presento serias complicaciones que le causaron la muerte.

Tres días don Tomás Castro presentó síntomas antes de morir. Por mero protocolo, el Sargento se hizo la prueba resultando también positivo, al igual que su madre convaleciente de una peritonitis.

Aun sin terminar de asimilar los resultados positivos de prácticamente toda la familia, el sargento pierde a su padre, mientras que su madre seis horas después pierde la batalla contra el virus que contrajo mientras convalecía.

Ambos murieron en su vivienda, sin dar tiempo a nada, para ese entonces, el Sargento comenzaba a sentir con más fuerza la incubación del virus en su cuerpo, lo que al igual que al resto de la familia les impidió siquiera ver los contenedores con las cenizas de sus padres, fueron familiares lejanos los encargados de los arreglos funerarios.

“El médico nos revisó uno a uno, yo era el más avanzado y no sentía gran cosa, silenciosamente el virus me estaba atacando, me dijo que esta sería la pelea de mi vida, fue muy duro ver llegar a los de la funeraria por los cuerpos de mis padres”.

Inició así, el penar del aguerrido militar, el que siempre cuidó su alimentación, su actividad y aptitudes físicas como parte del servicio, sin embargo, el Covid-19 encontró sus debilidades y en éstas incubó.

A diferencia de su hermana quien también perdió a su esposo, el Sargento Oscar, tardó más tiempo en superar el virus, “en menos de 24 horas mi mundo se desmoronó, en pocas horas perdí a las personas que más amaba, y peor aún fue quedarme solo en la casa donde horas antes convivimos juntos”.

Solo y aislado, el Sargento cuenta cómo vivió horas de angustia, “en las noches no podía respirar, y no había nadie cerca, sólo los recuerdos y las vivencias de las últimas horas con mis padres, familiares venían a casa abrían un portón y en una silla dejaban mi comida en platos desechables y salían, no había contacto, no había palabras, sólo muecas y un adiós desde la ventana sin saber si al día siguiente seguiría con vida”.

Cuenta el Sargento, que se sentía muy débil, él, que siempre se distinguió por su fortaleza, su buena salud, su ímpetu por la vida, esta vez se sentía morir.

“Estaba muy débil, me sentía adormecido, no me sentía en mis cinco sentidos el virus te pone como si estuvieras dopado, eso impide que pienses con claridad, el virus te confunde, te agota, te bloquea, te impide pensar en que tienes que ser fuerte y vencerlo, no te deja reaccionar, yo así me sentía”.

El adormecimiento por el virus “me impedía concentrarme en los horarios del medicamento, ponía todo mi esfuerzo en ello y era muy difícil, ponía alarmas porque el virus hace que todo se te olvide y por más que duermas o te recuestes no descansas, te levantas igual”.

El Sargento Pacheco tuvo noches en que se quedaba sin respirar, “y la desesperación por la falta de aire me hacía despertar, esas noches tuve miedo de morir, más miedo aún que en un enfrentamiento, trataba de no pensar en la posibilidad de seguir a mis padres”.

Ese viernes, “ha sido el viernes mas negro de mi vida, y los 20 días siguientes los más difíciles, por fortuna tuve apoyo en mi trabajo, mis antigüedades y otros amigos me mandaban mensajes de aliento que no podía ver ni contestar al momento.

“Ser militar no te exime de las situaciones que vive el resto de la gente, somos como tal, y aunque nuestra condición física es mejor que el promedio de la gente, digamos; aún así no estás libre de esta enfermedad que ataca a todos por igual”.

El médico dijo al Sargento Primero de Infantería, que sus pulmones estaban muy dañados, “y que tuve suerte, a mis 36 años me quedo con un medicamento de por vida para resarcir el daño, lo mejor que puede hacer la gente es cuidarse, cuidarse mucho y tratar de sobrevivir”.

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Eran las 11:00 de la noche de un viernes de franquicia, cuando al Sargento Primero de Infantería, Oscar Pacheco, le anunciaron la repentina muerte de su padre a consecuencia del Covid-19, horas más tarde su madre seguiría con la misma suerte, iniciando así difíciles días de temor y aislamiento.

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Al tercer día de su llegada, un trágico viernes, su hermana y esposo anunciaron ser positivos al Covid-19, de inmediato le hacen la prueba a su padre, un ex militar en retiro de avanzada edad, quien antes de tener los resultados presento serias complicaciones que le causaron la muerte.

Tres días don Tomás Castro presentó síntomas antes de morir. Por mero protocolo, el Sargento se hizo la prueba resultando también positivo, al igual que su madre convaleciente de una peritonitis.

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Ambos murieron en su vivienda, sin dar tiempo a nada, para ese entonces, el Sargento comenzaba a sentir con más fuerza la incubación del virus en su cuerpo, lo que al igual que al resto de la familia les impidió siquiera ver los contenedores con las cenizas de sus padres, fueron familiares lejanos los encargados de los arreglos funerarios.

“El médico nos revisó uno a uno, yo era el más avanzado y no sentía gran cosa, silenciosamente el virus me estaba atacando, me dijo que esta sería la pelea de mi vida, fue muy duro ver llegar a los de la funeraria por los cuerpos de mis padres”.

Inició así, el penar del aguerrido militar, el que siempre cuidó su alimentación, su actividad y aptitudes físicas como parte del servicio, sin embargo, el Covid-19 encontró sus debilidades y en éstas incubó.

A diferencia de su hermana quien también perdió a su esposo, el Sargento Oscar, tardó más tiempo en superar el virus, “en menos de 24 horas mi mundo se desmoronó, en pocas horas perdí a las personas que más amaba, y peor aún fue quedarme solo en la casa donde horas antes convivimos juntos”.

Solo y aislado, el Sargento cuenta cómo vivió horas de angustia, “en las noches no podía respirar, y no había nadie cerca, sólo los recuerdos y las vivencias de las últimas horas con mis padres, familiares venían a casa abrían un portón y en una silla dejaban mi comida en platos desechables y salían, no había contacto, no había palabras, sólo muecas y un adiós desde la ventana sin saber si al día siguiente seguiría con vida”.

Cuenta el Sargento, que se sentía muy débil, él, que siempre se distinguió por su fortaleza, su buena salud, su ímpetu por la vida, esta vez se sentía morir.

“Estaba muy débil, me sentía adormecido, no me sentía en mis cinco sentidos el virus te pone como si estuvieras dopado, eso impide que pienses con claridad, el virus te confunde, te agota, te bloquea, te impide pensar en que tienes que ser fuerte y vencerlo, no te deja reaccionar, yo así me sentía”.

El adormecimiento por el virus “me impedía concentrarme en los horarios del medicamento, ponía todo mi esfuerzo en ello y era muy difícil, ponía alarmas porque el virus hace que todo se te olvide y por más que duermas o te recuestes no descansas, te levantas igual”.

El Sargento Pacheco tuvo noches en que se quedaba sin respirar, “y la desesperación por la falta de aire me hacía despertar, esas noches tuve miedo de morir, más miedo aún que en un enfrentamiento, trataba de no pensar en la posibilidad de seguir a mis padres”.

Ese viernes, “ha sido el viernes mas negro de mi vida, y los 20 días siguientes los más difíciles, por fortuna tuve apoyo en mi trabajo, mis antigüedades y otros amigos me mandaban mensajes de aliento que no podía ver ni contestar al momento.

“Ser militar no te exime de las situaciones que vive el resto de la gente, somos como tal, y aunque nuestra condición física es mejor que el promedio de la gente, digamos; aún así no estás libre de esta enfermedad que ataca a todos por igual”.

El médico dijo al Sargento Primero de Infantería, que sus pulmones estaban muy dañados, “y que tuve suerte, a mis 36 años me quedo con un medicamento de por vida para resarcir el daño, lo mejor que puede hacer la gente es cuidarse, cuidarse mucho y tratar de sobrevivir”.

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