imagotipo

CUASI FUNDAMENTALISTAS

  • Javier Zapata Castro

Los cánticos se dejaban oír todo el día, continuaban hasta ya bien entrada la noche. Todos ellos muy parecidos entre sí, cantos cristianos provenientes de toda la república. Arreciaban al obscurecer, tal como si los peregrinos temieran a la obscuridad y el miedo se alejara al conjuro de las alabanzas entretejidas con el olor de la cera que ardía por todos lados, en este pueblo michoacano bautizado como “La Ermita” o “Nueva Jerusalén”. El culto surgió cuando el estado era gobernado por Cuauhtémoc Cárdenas.

La comunidad se encuentra con rumbo sur de la cd. De Morelia; un pueblito que, como todo pueblo que se respete, se fue formando en base a la pura necesidad. Ahí se conjuntaron factores tales como un sacerdote católico de edad avanzada ―sus superiores decían que ya estaba jubilado, como diciendo: “Yo solo sé que nada sé…”―, a más de una muchacha, mujer joven de entre 16 y 18 años y, sin duda, principalmente, la necesidad milagrera de un pueblo.

La gente pues, acostumbrada a los milagros…, verlos, vivirlos, que de no darse pronto y en la medida requerida…, pues toca inventarlos. Algo se ha escrito y mucho se dijo sobre este fenómeno social, o milagro, pero quien esto escribe convivió 4 meses en la comunidad rebautizada como “Nueva Jerusalén”… aún y que me gusta ver cosas, nunca vi nada que no fuera un gran teatro organizado y sustentado por la misma necesidad de creer, esperar y ver… Y, la verdad sea dicha, no se mencionaba mucho ni poco a Gabina, mujer de edad, quien se suponía había sido quien tuvo los primeros diálogos con la Virgen del Rosario. Tampoco se hacía mucho ruido alrededor del sacerdote Nabor, a quien silenciosa, misteriosamente se le atribuía el ser mediador entre la estrella de la puesta en escena y la mismísima Virgen.

Poco hablar de Gabina, poco del padre Nabor, no. Ahí todo se centraba en quien supuestamente recibía la palabra de la Virgen. Era quien se llamaba María de Jesús. Ella determinaba todo, junto con su propio séquito, encabezado por un joven gringo con quien Mari-chuy constantemente se besaba. Doy testimonio de ello, porque a los poquitos días de arribar a la “nueva Jerusalén” fui invitado y participé en “las guardias”. Éramos como 50 pelaos armados con riflitos calibre 22 haciendo patrullaje por todo el pueblo, cuidando a maría de Jesús y, a la par, viendo todo lo visible.

Arribar a Morelia es sencillo, pero más fácil fue llegar a la Nueva Jerusalén. No había problema para pedir ser llevado. Se veían camiones de todos tipos y con placas de circulación de cualquier parte de la república…

― ¡Hermano, hermano! ―se dijo, me podría hacer la caridad de llevar a la Nueva Jerusalén.

¡Y cómo si no, hermano. Para allá mismo vamos! ―me contestaron―.

― ¡Mire hermano, cuánto peregrino viene a rendirle a la santísima Virgen!― comentó una mujer que subía al autobús. Ándele suba ―me apresuró―. ¡A la santísima  Virgen no se le hace esperar! ―dijo―. Si todos vamos a caber en la gloria, qué le hace un ratito apretados aquí abajo…

Y para allá vamos, trepados en un autobús de colores verde y amarillo, aun con el señalamiento de sus anteriores correrías indicando la ruta ―San Esteban-Topilejo―.  Ahí vamos, apretados. Pero era obligado ver de qué estaba hecha María de Jesús, quien se decía vidente y presumía de platicar con la mamá de Jesús…..lueguito les acabo de platicar