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¡CRISTO ES LA RESPUESTA!

  • Iglesia Bautista

La gravedad del pecado

Nehemías 1:1 al 7

Por Víctor Hugo Guel González

Hay ciertas frases en la Biblia que llaman mi atención, como la oración de Nehemías sobre Jerusalén, donde dice en el capítulo 1:6 y7: “…Y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; si, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado tus mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.” Creo que al considerar pasajes como este, deberíamos tomar conciencia de la gravedad del pecado.

En primer lugar, todo pecado que cometemos es contra Dios. Aquí Nehemías lo menciona en dos ocasiones: “Hemos pecado contra ti…” “Nos hemos corrompido contra ti…” empezando con esto, debemos cambiar nuestra manera de pensar hacia el pecado; cuando mentimos, cuando ofendemos, cuando lastimamos a otros; finalmente todo eso es en contra de Dios, de su Palabra, del prójimo, que es imagen y semejanza de nuestro Dios. Pensemos en eso, la próxima vez que  estemos a punto de maldecir o de maltratar a la esposa, a los hijos, eso es en contra de Dios; eso debe ser un freno, un obstáculo para detenernos a considerar la gravedad del pecado.

 

También Nehemías dice en el versículo 7 al inicio: “En extremo nos hemos corrompido.” Me desafía, como hombres como Nehemías o como Isaías, diciendo: “¡Ay de mí! Que soy muerto, que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tienen labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.” Fijémonos, qué expresiones; “Nos hemos corrompido en extremo…” “Nuestro labios inmundos…” En esa manera, Dios quiere que veamos el pecado, como algo grave en nuestras vidas.

 

Desde el Libro de Génesis, vemos que la tendencia del ser humano, es ver el pecado a nuestra conveniencia, pues cuando Dios pidió cuentas a Adán por su desobediencia, él rápidamente culpó al Señor diciendo: “La mujer que me diste” (Génesis 3:11 y 12) En nuestra cultura, en nuestra sociedad, no es diferente, minimizamos el pecado, lo justificamos, estamos culpando a otros; todo con tal de no arrepentirnos y ponernos bien con Dios. Y creo que esa es la razón por la cual en vez de que las cosas cambien, se complican más, en vez de que los problemas en casa se disuelvan, luego hay más dificultades. Hace tiempo, un hermano en la iglesia nos pidió que oráramos por él, para que pudiera ver el pecado como Dios lo ve; al principio me pareció un motivo más de oración, pero con el paso de los años, pienso que es una necesidad por la cual constantemente debemos estar orando.

 

Para concluir, el engaño del pecado puede llegar a ser tan grande, que podríamos llegar a querer justificar lo injustificable; como cuando una mujer casada me dijo que ella nunca engañó a su esposo, que ella le dijo a él: “Fracasaste en hacerme feliz, por lo tal, voy a buscar otra persona que logre hacerme feliz.” Mi oración es que antes de minimizar, justificar o culpara otros por nuestras faltas, podamos ver la gravedad del pecado; arrepentirnos y ponernos bien con Dios.

 

 

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