/ domingo 12 de agosto de 2018

Un camino hacia Dios

Art. 608

P Armando Oliva Varela

Sabemos que la fe consiste en fiarse plenamente a Dios y acoger su verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la verdad misma. La fe nos lleva a adherirnos a Dios, confiando plenamente en él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por él reveladas; la fe es un don gratuito de Dios. Esta virtud la vivió el Venerable Siervo de Dios Moisés Lira Serafín en todo momento, tanto para discernir y saber que Dios lo quería para la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo, como para aceptar y entender los acontecimientos que Dios permitiría en su vida.

Así lo narra el testimonio de Maria Rábago de Sánchez: “Nos contaba el padre Moisés que en los principios de su congregación estaban en una casa muychiquita y que el padre Félix les decíaque no se desanimaran, que eso tenía que irse para arriba. Pasaban ahí muchas penalidades, sobre todo, por la pobreza en que estaban y además era el tiempo de la persecución religiosa, tenían que estarse escondiendo”.

La virtud de la fe, del Siervo de Dios Moisés Lira, le ayudó a ser fiel en su vocación, a no renunciar al llamado que el Señor le había hecho, fe asistida por la gracia del Espíritu Santo, quien engendra y alimenta la fe de cada uno de nosotros los bautizados. Para recibir la fe necesitamos vivir la humildad, que es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. Esta virtud la encarnó de modo especial el padre Moisés Lira, “apóstol de la bondad”, así lo refiere María Rábago:

“El Padre era una persona mucho muy buena y muy querida en Morelia. Era amable, tenía el don de convencimiento con las personas y era humilde como pocos he visto yo, porque de veras era humilde. El nunca decía ‘yo’, siempre se tenía como el último de todos, como que no valía nada, siendo que era de los primeros, esa era la impresión que me daba, que siendo él el primero, como que él se sentía que no valía nada y siempre se contaba como el último de todos. Muy humilde, muy caritativo, creo que era de los que se quitaban el pan de la boca para dárselo al que lo necesitaba”.

El Siervo de Dios Moisés Lira, asumió las palabras de Cristo: “El que recibe a un niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado: pues el más pequeño de entre ustedes, ese es el mayor” (Lc 9,46-48).

El Venerable Siervo de Dios Moisés Lira Serafín, se encuentra en proceso de ser reconocido comos anto, encomiéndate a su intercesión. Comunica tus testimonios a Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, Naranjo 157, Col. Sta. María la Ribera, 06400 México, D.F. Tel 01(55)5547 3139 e-mail: apostoldelabondad@gmail.com



Art. 608

P Armando Oliva Varela

Sabemos que la fe consiste en fiarse plenamente a Dios y acoger su verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la verdad misma. La fe nos lleva a adherirnos a Dios, confiando plenamente en él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por él reveladas; la fe es un don gratuito de Dios. Esta virtud la vivió el Venerable Siervo de Dios Moisés Lira Serafín en todo momento, tanto para discernir y saber que Dios lo quería para la fundación de los Misioneros del Espíritu Santo, como para aceptar y entender los acontecimientos que Dios permitiría en su vida.

Así lo narra el testimonio de Maria Rábago de Sánchez: “Nos contaba el padre Moisés que en los principios de su congregación estaban en una casa muychiquita y que el padre Félix les decíaque no se desanimaran, que eso tenía que irse para arriba. Pasaban ahí muchas penalidades, sobre todo, por la pobreza en que estaban y además era el tiempo de la persecución religiosa, tenían que estarse escondiendo”.

La virtud de la fe, del Siervo de Dios Moisés Lira, le ayudó a ser fiel en su vocación, a no renunciar al llamado que el Señor le había hecho, fe asistida por la gracia del Espíritu Santo, quien engendra y alimenta la fe de cada uno de nosotros los bautizados. Para recibir la fe necesitamos vivir la humildad, que es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. Esta virtud la encarnó de modo especial el padre Moisés Lira, “apóstol de la bondad”, así lo refiere María Rábago:

“El Padre era una persona mucho muy buena y muy querida en Morelia. Era amable, tenía el don de convencimiento con las personas y era humilde como pocos he visto yo, porque de veras era humilde. El nunca decía ‘yo’, siempre se tenía como el último de todos, como que no valía nada, siendo que era de los primeros, esa era la impresión que me daba, que siendo él el primero, como que él se sentía que no valía nada y siempre se contaba como el último de todos. Muy humilde, muy caritativo, creo que era de los que se quitaban el pan de la boca para dárselo al que lo necesitaba”.

El Siervo de Dios Moisés Lira, asumió las palabras de Cristo: “El que recibe a un niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado: pues el más pequeño de entre ustedes, ese es el mayor” (Lc 9,46-48).

El Venerable Siervo de Dios Moisés Lira Serafín, se encuentra en proceso de ser reconocido comos anto, encomiéndate a su intercesión. Comunica tus testimonios a Misioneras de la Caridad de María Inmaculada, Naranjo 157, Col. Sta. María la Ribera, 06400 México, D.F. Tel 01(55)5547 3139 e-mail: apostoldelabondad@gmail.com



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