/ lunes 22 de octubre de 2018

Opinión

Un día empieza nuestra vida y, otro, sin saberlo, termina, aún sin darnos cuenta. Luego de nuestra ausencia física, inician los comentarios buenos de las personas que han partido de este mundo pero, llegan tarde, otros malos, generalmente por el miedo que implica el sentirse vulnerables por la cercanía de morir por causa natural, por accidente o, a manos de la violencia irrefrenable por estos días.

La vida es sagrada y, solía ser el valor superior de la convivencia social. La vida se respeta y a la mujer, siempre. Indignaste: era un calificativo que despertaba y movía a las conciencias de la sociedad, para manifestarse y repudiar la violencia que se vivía en cualquier parte del mundo.

No pasa más. El valor supremo, la vida, ya no vale nada. Atrapados muchos perversos, en el vivir de lo que el trabajo le da a los demás, lo roban y, si es con violencia, la que está creciendo en forma escandalosa, para los delincuentes mejor. Les da un estatus de altura frente a la escoria de lo humano.

Jamás creí que pudiera expresarme así, me negaba aceptar que dentro de la humanidad hubiese personas calificadas como escoria pero, estaba equivocado. La deshumanización, aparta a cierto número de entes y, las hunde en lo irracional, ni siquiera en lo que pertenece a la raza humana.

La semana pasada, han capturado, las autoridades y, por casualidad, a un feminicida y a su esposa, con historias que dan enorme coraje y dolor, pues la capacidad de asombro queda en la historia para muchos, pero que, para muchos otros, indignan a la población. Hemos visto en los medios de comunicación, como los padre y madres de las infortunadas mujeres asesinadas por esa pareja infernal, se han indignado y llevado su sufrimiento, más lejos de lo que cualquiera se imagina.

La pérdida violenta, de un hijo o una hija no tiene media en su calificación, para poder describir cuánto duele. Así, no puedo ni siquiera imaginarme el dolor del padre y la madre de la niña de doce años, que ha sido encontrada injuriada en su cuerpo y asesinada por, no sé qué clase de chacal. Lo mismo sucede en muchas partes del mundo.

Ni una más. Ni una menos. Igualmente, viva se la llevaron y viva la queremos o, en plural para hombres y mujeres, son frases que ya no se soportan por ellas mismas. Habría que impulsarlas y con valor, para terminar con tanto sufrimiento de las familias afectadas. Los linchamientos se multiplican, todos en el hartazgo de la falta de castigo a quienes lastiman a las personas, incrementando la impunidad y favoreciendo a los criminales. La ciudadanía quiere tomar en sus manos la justicia. ¿Porque no? Lo criminales andan libres por donde quiera, lastimándonos.

Le ha tocado a San Luis Potosí, conocer de un asesinato más. Una mujer joven, profesionistas y trabajadora, fue asesinada y, sin importar que estuviese en estado de embarazo. ¿Qué clase de ente hace una acción como esa?, ¿Porque se llega a estos extremos de barbarie? Malditos, es otra palabra que me negaba expresar, hoy lo digo y convencido de haber estado equivocado. Malditos.

La insuficiencia profesional o, la poca o, nula importancia de lo sucedido, no representa lo mínimo para los demás, como para autoridades y muchos en la sociedad. La responsabilidad es compartida y, todos tenemos nuestra parte de ello. Mientras el fuego no nos alcance, poco importa la desgracia ajena y, siempre se buscará, pretextos para minimizar los hecho que más duelen a los cercanos. Esto tendría que terminar, antes que la justicia se tome en las manos de quién es lastimado.

De capital importancia es, el ver cómo matan a las mujeres, como las mancillan y, las hacen víctimas de lo indecible, solo por ser mujeres. Muchos cobardes existen sin tener el derecho para hacerlo. Lo pero está por venir, la ciudadanía ya no aguanta tanto dolor. Si las autoridades no detienen y, castigan ejemplarmente a los delincuentes, la sociedad lo hará.

No esperemos escuchar: matar a un delincuente hace patria. Nos hará arrepentirnos pero ayudará a evidenciar una vez más la ineficiencia brutal.

Un día empieza nuestra vida y, otro, sin saberlo, termina, aún sin darnos cuenta. Luego de nuestra ausencia física, inician los comentarios buenos de las personas que han partido de este mundo pero, llegan tarde, otros malos, generalmente por el miedo que implica el sentirse vulnerables por la cercanía de morir por causa natural, por accidente o, a manos de la violencia irrefrenable por estos días.

La vida es sagrada y, solía ser el valor superior de la convivencia social. La vida se respeta y a la mujer, siempre. Indignaste: era un calificativo que despertaba y movía a las conciencias de la sociedad, para manifestarse y repudiar la violencia que se vivía en cualquier parte del mundo.

No pasa más. El valor supremo, la vida, ya no vale nada. Atrapados muchos perversos, en el vivir de lo que el trabajo le da a los demás, lo roban y, si es con violencia, la que está creciendo en forma escandalosa, para los delincuentes mejor. Les da un estatus de altura frente a la escoria de lo humano.

Jamás creí que pudiera expresarme así, me negaba aceptar que dentro de la humanidad hubiese personas calificadas como escoria pero, estaba equivocado. La deshumanización, aparta a cierto número de entes y, las hunde en lo irracional, ni siquiera en lo que pertenece a la raza humana.

La semana pasada, han capturado, las autoridades y, por casualidad, a un feminicida y a su esposa, con historias que dan enorme coraje y dolor, pues la capacidad de asombro queda en la historia para muchos, pero que, para muchos otros, indignan a la población. Hemos visto en los medios de comunicación, como los padre y madres de las infortunadas mujeres asesinadas por esa pareja infernal, se han indignado y llevado su sufrimiento, más lejos de lo que cualquiera se imagina.

La pérdida violenta, de un hijo o una hija no tiene media en su calificación, para poder describir cuánto duele. Así, no puedo ni siquiera imaginarme el dolor del padre y la madre de la niña de doce años, que ha sido encontrada injuriada en su cuerpo y asesinada por, no sé qué clase de chacal. Lo mismo sucede en muchas partes del mundo.

Ni una más. Ni una menos. Igualmente, viva se la llevaron y viva la queremos o, en plural para hombres y mujeres, son frases que ya no se soportan por ellas mismas. Habría que impulsarlas y con valor, para terminar con tanto sufrimiento de las familias afectadas. Los linchamientos se multiplican, todos en el hartazgo de la falta de castigo a quienes lastiman a las personas, incrementando la impunidad y favoreciendo a los criminales. La ciudadanía quiere tomar en sus manos la justicia. ¿Porque no? Lo criminales andan libres por donde quiera, lastimándonos.

Le ha tocado a San Luis Potosí, conocer de un asesinato más. Una mujer joven, profesionistas y trabajadora, fue asesinada y, sin importar que estuviese en estado de embarazo. ¿Qué clase de ente hace una acción como esa?, ¿Porque se llega a estos extremos de barbarie? Malditos, es otra palabra que me negaba expresar, hoy lo digo y convencido de haber estado equivocado. Malditos.

La insuficiencia profesional o, la poca o, nula importancia de lo sucedido, no representa lo mínimo para los demás, como para autoridades y muchos en la sociedad. La responsabilidad es compartida y, todos tenemos nuestra parte de ello. Mientras el fuego no nos alcance, poco importa la desgracia ajena y, siempre se buscará, pretextos para minimizar los hecho que más duelen a los cercanos. Esto tendría que terminar, antes que la justicia se tome en las manos de quién es lastimado.

De capital importancia es, el ver cómo matan a las mujeres, como las mancillan y, las hacen víctimas de lo indecible, solo por ser mujeres. Muchos cobardes existen sin tener el derecho para hacerlo. Lo pero está por venir, la ciudadanía ya no aguanta tanto dolor. Si las autoridades no detienen y, castigan ejemplarmente a los delincuentes, la sociedad lo hará.

No esperemos escuchar: matar a un delincuente hace patria. Nos hará arrepentirnos pero ayudará a evidenciar una vez más la ineficiencia brutal.