/ domingo 6 de octubre de 2019

Hablemos de Cine

El arranque del filme GUASON es un magnífico preámbulo de lo que vendrá, vemos a ciudad Gótica echa un desastre, el caos se ha apoderado de ella en medio de montañas de basura que presagian problemas graves para la salud.

En ese deambular diario de los habitantes, conocemos a Arthur Fleck, un hombre que aspira a ser comediante y que mientras su momento llega, se gana la vida como payaso alquilándose en lo que sea para sostener su precaria situación incluyendo a su madre enferma.

Pero Art, como le llaman algunos, lucha también con su implacable destino, que parece ensañarse con él. Debe luchar contra la sociedad entera que se burla de su condición, sufrir golpizas de jóvenes ociosos que disfrutan humillarlo, sin que el hombre clown alcance a comprender qué demonios pasa con su vida.

Hay un factor adicional para este hombre perdedor por naturaleza, su risa, una risa que se convierte en carcajada incontrolable y que brota en cualquier momento ante el rechazo e incomodidad de aquellos que están cerca de él, que de inmediato lo catalogan como un loco cretino.

La sociedad de ciudad Gótica no lo sabe, pero está a punto de conocer la furia de un hombre que ha sufrido siempre, que no sabe lo que es ser feliz ni por un minuto y así, cuando Art descubre pasajes oscuros de su infancia, la transformación brota de su ser, de un ser harto de las vejaciones y rechazos que sufre y que encuentra su lugar en los baños de sangre que provocan sus delirios incontrolables.

GUASON es un filme desolador, incómodo para todos, que podría verse como una apología del crimen pero que, en el fondo, nos muestra la desolación de un hombre abrumado por una sociedad enferma y despiadada que se ensaña con el débil.

La película está dirigida por Todd Phillips (¿Qué pasó ayer?, Starsky y Hutch, Amigos de armas), colaborador, junto con Scott Silver, de un estupendo guión que resulta clave para armar una historia inspirada en un personaje del cómic pero que rebasa toda proporción de una historieta para adentrarse en las telarañas de un psicópata que brota de las entrañas de una urbe deshumanizada como puede ser la nuestra.

Desde luego, algo a resaltar es la actuación de Joaquin Phoenix quien le da vida al Guasón, un personaje complejo, lleno de matices y sutilezas que el actor saca adelante con maestría.

¿Soy yo o el mundo se ha vuelto más loco?, le pregunta a su doctora, mientras interiormente se va acercando a su verdadera personalidad, en esos momentos ya no le importa reprimir su risa, está a punto de llegar a su estabilidad emocional que tanto ha buscado a lo largo de su peregrinar en la vida.

Filme de opiniones encontradas, que camina en ese filo delgado entre lo que conocemos como bueno y la perversidad, historia que incomoda por su brutalidad y violencia, mientras escuchamos una risa que se convierte en una carcajada macabra a veces acompañada de la congoja donde brotan lágrimas de lamentos y sufrimiento.

La película ha sido alabada por la crítica y reconocida por cinéfilos de todas partes, el éxito económico está garantizado dándose esa feliz coincidencia entre el reconocimiento general y la taquilla que pone feliz a la industria del cine norteamericano.

Y esa fórmula mágica entre ganancias y calidad artística, supo resaltarlas una cineasta presentadora del Festival de Cine de Venecia cuando le entregaron a la película el premio el León de Oro quien mencionó:

“Me parece extraordinario que la industria del cine haya tomado el riesgo de hacer una película donde el enemigo no es un hombre sino el sistema mismo”.

Esta reflexión sobre los antihéroes donde se escudriñan sus orígenes, es de lo más interesante del filme que nos va mostrando la transformación de un Arthur Fleck, de un ente cualquiera en un criminal y provocador del caos en una sociedad que ha creado un monstruo sin querer darse cuenta y que conocerá la furia de un hombre vejado y humillado dispuesto a cobrar venganza.

El Guasón ha llegado y con él, el descenso al infierno empieza para todos.


Correo electrónico: ernestorobledo@hotmail.com




El arranque del filme GUASON es un magnífico preámbulo de lo que vendrá, vemos a ciudad Gótica echa un desastre, el caos se ha apoderado de ella en medio de montañas de basura que presagian problemas graves para la salud.

En ese deambular diario de los habitantes, conocemos a Arthur Fleck, un hombre que aspira a ser comediante y que mientras su momento llega, se gana la vida como payaso alquilándose en lo que sea para sostener su precaria situación incluyendo a su madre enferma.

Pero Art, como le llaman algunos, lucha también con su implacable destino, que parece ensañarse con él. Debe luchar contra la sociedad entera que se burla de su condición, sufrir golpizas de jóvenes ociosos que disfrutan humillarlo, sin que el hombre clown alcance a comprender qué demonios pasa con su vida.

Hay un factor adicional para este hombre perdedor por naturaleza, su risa, una risa que se convierte en carcajada incontrolable y que brota en cualquier momento ante el rechazo e incomodidad de aquellos que están cerca de él, que de inmediato lo catalogan como un loco cretino.

La sociedad de ciudad Gótica no lo sabe, pero está a punto de conocer la furia de un hombre que ha sufrido siempre, que no sabe lo que es ser feliz ni por un minuto y así, cuando Art descubre pasajes oscuros de su infancia, la transformación brota de su ser, de un ser harto de las vejaciones y rechazos que sufre y que encuentra su lugar en los baños de sangre que provocan sus delirios incontrolables.

GUASON es un filme desolador, incómodo para todos, que podría verse como una apología del crimen pero que, en el fondo, nos muestra la desolación de un hombre abrumado por una sociedad enferma y despiadada que se ensaña con el débil.

La película está dirigida por Todd Phillips (¿Qué pasó ayer?, Starsky y Hutch, Amigos de armas), colaborador, junto con Scott Silver, de un estupendo guión que resulta clave para armar una historia inspirada en un personaje del cómic pero que rebasa toda proporción de una historieta para adentrarse en las telarañas de un psicópata que brota de las entrañas de una urbe deshumanizada como puede ser la nuestra.

Desde luego, algo a resaltar es la actuación de Joaquin Phoenix quien le da vida al Guasón, un personaje complejo, lleno de matices y sutilezas que el actor saca adelante con maestría.

¿Soy yo o el mundo se ha vuelto más loco?, le pregunta a su doctora, mientras interiormente se va acercando a su verdadera personalidad, en esos momentos ya no le importa reprimir su risa, está a punto de llegar a su estabilidad emocional que tanto ha buscado a lo largo de su peregrinar en la vida.

Filme de opiniones encontradas, que camina en ese filo delgado entre lo que conocemos como bueno y la perversidad, historia que incomoda por su brutalidad y violencia, mientras escuchamos una risa que se convierte en una carcajada macabra a veces acompañada de la congoja donde brotan lágrimas de lamentos y sufrimiento.

La película ha sido alabada por la crítica y reconocida por cinéfilos de todas partes, el éxito económico está garantizado dándose esa feliz coincidencia entre el reconocimiento general y la taquilla que pone feliz a la industria del cine norteamericano.

Y esa fórmula mágica entre ganancias y calidad artística, supo resaltarlas una cineasta presentadora del Festival de Cine de Venecia cuando le entregaron a la película el premio el León de Oro quien mencionó:

“Me parece extraordinario que la industria del cine haya tomado el riesgo de hacer una película donde el enemigo no es un hombre sino el sistema mismo”.

Esta reflexión sobre los antihéroes donde se escudriñan sus orígenes, es de lo más interesante del filme que nos va mostrando la transformación de un Arthur Fleck, de un ente cualquiera en un criminal y provocador del caos en una sociedad que ha creado un monstruo sin querer darse cuenta y que conocerá la furia de un hombre vejado y humillado dispuesto a cobrar venganza.

El Guasón ha llegado y con él, el descenso al infierno empieza para todos.


Correo electrónico: ernestorobledo@hotmail.com




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