/ viernes 21 de diciembre de 2018

Entorno Empresarial

VIENTOS DE UNA POSIBLE RECESIÓN

Los presupuestos públicos reflejan de manera fidedigna las prioridades económicas y sociales de un gobierno.

Por tanto, su análisis, monitoreo y seguimiento por parte de la sociedad es fundamental para vigilar el cumplimiento de las metas explícitas de una política económica, o de los acuerdos internacionales, barrera contra la corrupción, y para defender los intereses y las necesidades de los sectores más vulnerables.

La economía de hoy exige cada vez más la necesidad de analizar y hacer transparentes la evolución de los presupuestos públicos porque, tradicionalmente, habían estado aislados del debate y escrutinio sistemáticos.

Un presupuesto público es el documento que mejor traduce las políticas y los compromisos gubernamentales pues implica decisiones que determinan cómo se obtendrán los recursos y en qué serán gastados, cabe destacar que al no contemplar un presupuesto que alcance solo queda recurrir al endeudamiento.

El presupuesto público de México, como el de muchos otros países en circunstancias similares, enfrenta presiones y retos de gran magnitud.

Las alteraciones en el entorno económico internacional con que nos encontramos a la vuelta, hacen prever que para finales del próximo año ya estaremos inmersos en esta situación y por ende las variables económicas se descuadran.

En momentos tan excepcionales la primera obligación de los Gobiernos es no hacer sufrir más a los ciudadanos: intentar neutralizar las amenazas de recesión cada vez más próximas.

Presentado como plan austero, el Gobierno presentó un conjunto de medidas que desde mi punto de vista no contempla posibles desajustes importantes, generando incertidumbre económica.

La manifestación más inquietante de los actuales riesgos que pesan sobre la economía mexicana es la reducción en el ritmo de creación de empleo y el aumento del desempleo.

Para ello, además de reducir cargas sobre el empleo, el aumento selectivo de la inversión pública y en la reducción de la importante brecha en conocimiento, deberían haber sido las prioridades fundamentales, especialmente en un entorno de cambio.

En su ausencia, al término de la desaceleración en curso podremos encontrarnos con un déficit no anticipado por el Gobierno y, lo que sin duda es peor, un aumento de la brecha en convergencia real con los países de nuestro entorno.

VIENTOS DE UNA POSIBLE RECESIÓN

Los presupuestos públicos reflejan de manera fidedigna las prioridades económicas y sociales de un gobierno.

Por tanto, su análisis, monitoreo y seguimiento por parte de la sociedad es fundamental para vigilar el cumplimiento de las metas explícitas de una política económica, o de los acuerdos internacionales, barrera contra la corrupción, y para defender los intereses y las necesidades de los sectores más vulnerables.

La economía de hoy exige cada vez más la necesidad de analizar y hacer transparentes la evolución de los presupuestos públicos porque, tradicionalmente, habían estado aislados del debate y escrutinio sistemáticos.

Un presupuesto público es el documento que mejor traduce las políticas y los compromisos gubernamentales pues implica decisiones que determinan cómo se obtendrán los recursos y en qué serán gastados, cabe destacar que al no contemplar un presupuesto que alcance solo queda recurrir al endeudamiento.

El presupuesto público de México, como el de muchos otros países en circunstancias similares, enfrenta presiones y retos de gran magnitud.

Las alteraciones en el entorno económico internacional con que nos encontramos a la vuelta, hacen prever que para finales del próximo año ya estaremos inmersos en esta situación y por ende las variables económicas se descuadran.

En momentos tan excepcionales la primera obligación de los Gobiernos es no hacer sufrir más a los ciudadanos: intentar neutralizar las amenazas de recesión cada vez más próximas.

Presentado como plan austero, el Gobierno presentó un conjunto de medidas que desde mi punto de vista no contempla posibles desajustes importantes, generando incertidumbre económica.

La manifestación más inquietante de los actuales riesgos que pesan sobre la economía mexicana es la reducción en el ritmo de creación de empleo y el aumento del desempleo.

Para ello, además de reducir cargas sobre el empleo, el aumento selectivo de la inversión pública y en la reducción de la importante brecha en conocimiento, deberían haber sido las prioridades fundamentales, especialmente en un entorno de cambio.

En su ausencia, al término de la desaceleración en curso podremos encontrarnos con un déficit no anticipado por el Gobierno y, lo que sin duda es peor, un aumento de la brecha en convergencia real con los países de nuestro entorno.

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