/ domingo 17 de marzo de 2019

El que no puede hablar, tiene mucho que decir

La falta de diálogo es causa de muchos conflictos

El diálogo, es un ejercicio que hay que hacer todos los días. Pero fundamentalmente hay que dialogar con Dios

Por P. Chava

Que trabajo cuesta sacar lo que guardamos dentro. El hombre no sabe dialogar y necesita hacerlo. Porque fuimos hechos para vivir dialogando. Por eso, el diálogo es vital; y más aún, el diálogo con Dios.

El hombre deja de vivir cuando se niega a dialogar. Y la falta de diálogo es causa de muchos conflictos, porque el silencio, puede ser causa de malos entendidos.

Muchos prefieren callar por miedo al conflicto; y optan por el silencio, para evitarse problemas.

Pero hay muchos que por guardar silencio, están sufriendo un conflicto interno, que les va carcomiendo la salud.

El silencio, puede llegar a ser una bomba de tiempo. Porque en cualquier momento, los callados llegan a explotar, y a perder el control.

Por eso, es bueno preguntar: ¿Cuánto tiempo podremos permanecer callados? Porque hay cosas que nos están doliendo. Y preferimos seguir soportando la pena, que liberarnos de la carga interna.

Hay que reconocer que la falta de diálogo, y por lo mismo de comunicación, ha sido la causa de muchas enfermedades. Muchos sufren a causa de su silencio.

Pero también, hay personas que por su carácter, les cuesta mucho trabajo sacar lo que llevan dentro

Hay quienes guardan tantas cosas en el alma, que ya no saben cómo dar salida a sus problemas; están tan saturados, que piensan no tener nada que decir.

Pero el que dice que no hay nada por decir, está excedido de secretos. Y esa saturación, no le permite abrirse al exterior.

Dicen los filósofos, que el hombre es un ser dialógico; es decir, para sobrevivir, se necesita el dialogar. Porque el diálogo, es la medicina del alma.

El diálogo, es un ejercicio que hay que hacer todos los días. Pero fundamentalmente hay que dialogar con Dios.

El diálogo con Dios transforma a la persona, y la libera de muchas angustias. Cuando hablamos con Dios llegamos a vivir una transfiguración.

Y el ejemplo, lo encontramos en el relato evangélico de Lucas, que nos habla de la transfiguración. Cuando Jesús estaba dialogando con su Padre, su rostro cambio de aspecto; se transformó. Por eso, hay que abrirse al diálogo; para que nuestra vida cambie, y quedemos trasformados.



La falta de diálogo es causa de muchos conflictos

El diálogo, es un ejercicio que hay que hacer todos los días. Pero fundamentalmente hay que dialogar con Dios

Por P. Chava

Que trabajo cuesta sacar lo que guardamos dentro. El hombre no sabe dialogar y necesita hacerlo. Porque fuimos hechos para vivir dialogando. Por eso, el diálogo es vital; y más aún, el diálogo con Dios.

El hombre deja de vivir cuando se niega a dialogar. Y la falta de diálogo es causa de muchos conflictos, porque el silencio, puede ser causa de malos entendidos.

Muchos prefieren callar por miedo al conflicto; y optan por el silencio, para evitarse problemas.

Pero hay muchos que por guardar silencio, están sufriendo un conflicto interno, que les va carcomiendo la salud.

El silencio, puede llegar a ser una bomba de tiempo. Porque en cualquier momento, los callados llegan a explotar, y a perder el control.

Por eso, es bueno preguntar: ¿Cuánto tiempo podremos permanecer callados? Porque hay cosas que nos están doliendo. Y preferimos seguir soportando la pena, que liberarnos de la carga interna.

Hay que reconocer que la falta de diálogo, y por lo mismo de comunicación, ha sido la causa de muchas enfermedades. Muchos sufren a causa de su silencio.

Pero también, hay personas que por su carácter, les cuesta mucho trabajo sacar lo que llevan dentro

Hay quienes guardan tantas cosas en el alma, que ya no saben cómo dar salida a sus problemas; están tan saturados, que piensan no tener nada que decir.

Pero el que dice que no hay nada por decir, está excedido de secretos. Y esa saturación, no le permite abrirse al exterior.

Dicen los filósofos, que el hombre es un ser dialógico; es decir, para sobrevivir, se necesita el dialogar. Porque el diálogo, es la medicina del alma.

El diálogo, es un ejercicio que hay que hacer todos los días. Pero fundamentalmente hay que dialogar con Dios.

El diálogo con Dios transforma a la persona, y la libera de muchas angustias. Cuando hablamos con Dios llegamos a vivir una transfiguración.

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