/ jueves 21 de mayo de 2020

¡Cristo es la Respuesta!

El poder de los recuerdos

Salmo: 77:1 al 12

En varios Salmos encontramos cómo un hombre llamado Asaf, por decirlo de alguna manera, entró en una crisis de su fe y llegó a pensar que todo lo que él había hecho por Dios, no había valido la pena; uno de esos Salmos es el 77, donde él habla de su angustia, de su falta de descanso y el rehusar consuelo; en el versículo 3 dice: “Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu.” Y todo este sentir lo lleva a una serie de preguntas que quizá nosotros en algún momento de la vida nos hemos hecho; y que hablan de lo profundo de su crisis. Del versículo 7 al 9, dice: “¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá a sernos más propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado todas sus piedades? “Esta era la condición del salmista, tan grande era su desánimo, que llegó a cuestionar a Dios y sentirse desechado, olvidado, aun pensaba que él a Dios no le importaba.

En el versículo 10, recapacita y dice: “ Enfermedad mía es ésta…” y en este mismo pasaje nos da el remedio divino que seguramente a usted y a mí nos puede traer el alivio que tanto necesitamos, especialmente, si nos sentimos como Asaf llegó a sentirse; él dice lo siguiente: “Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.” Es bien interesante que la “cura” que el salmista da para sanar la enfermedad de sentirnos desechados, olvidados y que Dios nos ha abandonado, es recordar los años, las obras, las maravillas antiguas; sus hechos; es decir, traer a nuestra mente las misericordias, las piedades, las promesas que Él ha cumplido en nuestras vidas; quiero decirle que los problemas no se van a acabar. Quien iba a imaginar lo que estamos enfrentando con esta pandemia, todas las dificultades, adversidad que esto ha traído y que seguramente traerá. Mas sin embargo, aquí estamos y podemos decidir sumergirnos en desánimo, tristeza, desaliento, sentirnos exactamente igual que Asaf, que el Señor

nos ha abandonado, no nos escucha, Dios ya no tiene piedad y misericordia, a él no le intereso; o podemos decidir recordar todas las veces que Él nos ha tenido piedad y misericordia, todas las oportunidades que Él nos ha dado, todas las ocasiones que en medio de adversidad y quebranto, Él ha sido fiel y nos ha sacado adelante a pesar de que llegamos a pensar que ya no había solución; y puedo continuar diciendo de todas las veces que Él nos ha sanado y ha suplido para cada una de nuestras necesidades.

Querido hermano o amigo, cuánto le animo a que como el salmista, decidamos traer a la memoria todo lo bueno y misericordioso que Dios ha sido con nosotros, pues en ello encontraremos el poder y la fortaleza para seguir adelante. ¡Amén!

  • Iglesia Bíblica Bautista de San Luis Potosí
  • Calle Nube # 560
  • Colonia Garita de Jalisco
  • Tel. 8-415387

El poder de los recuerdos

Salmo: 77:1 al 12

En varios Salmos encontramos cómo un hombre llamado Asaf, por decirlo de alguna manera, entró en una crisis de su fe y llegó a pensar que todo lo que él había hecho por Dios, no había valido la pena; uno de esos Salmos es el 77, donde él habla de su angustia, de su falta de descanso y el rehusar consuelo; en el versículo 3 dice: “Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu.” Y todo este sentir lo lleva a una serie de preguntas que quizá nosotros en algún momento de la vida nos hemos hecho; y que hablan de lo profundo de su crisis. Del versículo 7 al 9, dice: “¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá a sernos más propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado todas sus piedades? “Esta era la condición del salmista, tan grande era su desánimo, que llegó a cuestionar a Dios y sentirse desechado, olvidado, aun pensaba que él a Dios no le importaba.

En el versículo 10, recapacita y dice: “ Enfermedad mía es ésta…” y en este mismo pasaje nos da el remedio divino que seguramente a usted y a mí nos puede traer el alivio que tanto necesitamos, especialmente, si nos sentimos como Asaf llegó a sentirse; él dice lo siguiente: “Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.” Es bien interesante que la “cura” que el salmista da para sanar la enfermedad de sentirnos desechados, olvidados y que Dios nos ha abandonado, es recordar los años, las obras, las maravillas antiguas; sus hechos; es decir, traer a nuestra mente las misericordias, las piedades, las promesas que Él ha cumplido en nuestras vidas; quiero decirle que los problemas no se van a acabar. Quien iba a imaginar lo que estamos enfrentando con esta pandemia, todas las dificultades, adversidad que esto ha traído y que seguramente traerá. Mas sin embargo, aquí estamos y podemos decidir sumergirnos en desánimo, tristeza, desaliento, sentirnos exactamente igual que Asaf, que el Señor

nos ha abandonado, no nos escucha, Dios ya no tiene piedad y misericordia, a él no le intereso; o podemos decidir recordar todas las veces que Él nos ha tenido piedad y misericordia, todas las oportunidades que Él nos ha dado, todas las ocasiones que en medio de adversidad y quebranto, Él ha sido fiel y nos ha sacado adelante a pesar de que llegamos a pensar que ya no había solución; y puedo continuar diciendo de todas las veces que Él nos ha sanado y ha suplido para cada una de nuestras necesidades.

Querido hermano o amigo, cuánto le animo a que como el salmista, decidamos traer a la memoria todo lo bueno y misericordioso que Dios ha sido con nosotros, pues en ello encontraremos el poder y la fortaleza para seguir adelante. ¡Amén!

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