/ domingo 8 de agosto de 2021

Contra la fotografía

Yo no le pedí, estimado señor, que me tomara esa foto. Tampoco le di permiso para que lo hiciera. ¿Con qué derecho apretó usted el botón e hizo lanzar ante mis ojos ese estallido de luz?

Con orgullo viene usted a mostrarme el resultado de su infamante acción. Pues bien, déjeme decírselo: no me reconozco a mí mismo en ese papel coloreado que usted me tiende para que lo admire.

¡Oh, no! No es que me dé baños de grandeza, como se dice, ni que, como los artistas y actores del momento, desee proteger mi intimidad. ¡Para lo que me interesa mi prestigio! Lo que pasa, señor mío, es que yo considero, aunque esto lo encuentre usted cacofónico, que toda fotografía es una herejía cometida contra la integridad de las personas.

Veo que me mira con perplejidad, agrandando un poco los ojos; por lo tanto, creo que deberé explicarme. ¿Sabe usted lo que es una herejía? Esta palabra viene del griego herein, que significa elegir. En el ámbito religioso esto se explica con facilidad. Teolgicamente oso esto se explica con facilidad. Teoloco los ojos; por lo tanto, creo que deberoteger mi intimidad. ¡Para lo que me ógicamente hablando, un hereje es aquel que elige de todo un cuerpo doctrinal, es decir, de un amplio conjunto de verdades, una sola, y con ella se pone a dar garrotazos sin piedad al mundo entero. O, para explicarme mejor: de todas las verdades elige sólo aquella que más le acomoda y, a partir de ella, se pone a construir todo un edificio doctrinal que ya nada, o casi nada, tiene que ver con aquel hermoso edificio que desmontó.

Imagínese una hoguera alimentada por un gran número de leños. La llama es grande, espléndida, majestuosa. Pues bien, hereje es aquel que, tomando un leño, va y hace con él lo que se le ocurre: sea corretear a su prójimo para quemarlo, sea querer incendiar al mundo entero…

Piense usted, por ejemplo, en Jesucristo. ¿No dice de él la fe cristiana que es Dios y hombre verdadero? Las dos naturaleza –la humana y la divina-, como enseña la teología, subsisten en una sola persona, y lo hacen sin separación, ni división, ni confusión. Jesucristo es, pues, Dios y hombre, y querer robarle una de sus dos naturalezas, sea ésta la que fuere, sería no sólo injurioso sino incurrir en el grave pecado de la herejía.

Hay quienes eligen su divinidad en detrimento de su humanidad: éstos son herejes, por supuesto. Para ellos sólo es Dios, y su humanidad les tiene sin cuidado. Sin embargo, amigo, hay una herejía contraria a ésta que consiste en negar su divinidad para afirmar únicamente su humanidad. Para éstos Jesús es sólo un bueno hombre, un mártir, un ser de excepción, pero tanto como Dios, no.

Tal es el motivo, estimado señor, por el que algunos Padres de la Iglesia se negaron en su tiempo rotundamente a todo tipo de imagen que intentara representar los rasgos del Salvador. Clemente de Alejandría, en el siglo II, no sin pizca de razón, se quejó una vez diciendo algo como esto: “Si pintas a Cristo, pintas sólo su humanidad, pues Dios, el Invisible, no puede ser pintado. Y si pintas sólo su humanidad, le robas su divinidad. ¡Por lo tanto, no intentes representarlo de ninguna manera!”.

¿Lo ve usted, amigo mío? La cosa no carece e importancia, como le ha parecido a usted al comienzo de nuestra conversación.

¡Ah, me parece escucharlo! “Esto que usted acaba de decirme es muy justo en el caso de Nuestro Señor; pero, ¿qué tiene que ver esto con usted?”. ¡Pues bien, también en mi caso tiene mucho que ver, amigo mío! Y para que me tome en serio voy a tomar, y a citarle, a un gran autor de obras espirituales llamado Anthony Bloom (1914-2003), quien, en uno de sus libros, escribió así:

“Hay verdades estáticas y verdades dinámicas… Una imagen de la verdad estática es la instantánea fotográfica; el objetivo, en un abrir y cerrar de ojos, fijó un momento en el tiempo. Aquello que quedó fijado en ese abrir y cerrar de ojos existió, pero, según el instante que se captó en la dinmica de nte que se captrra de ojose qued ojos, itarle, a un gran autor de obras espirituales llamado Anthony Bloom ( tipo de iámica de un gesto, en la expresión de un rostro, según el ángulo para fotografiar el objeto, puede el operador haberle dado un sentido que nada tiene que ver con la dinámica de la que se arrancó la imagen.

“Consideremos, por ejemplo, esos clichés que se toman con ocasión de grandes discursos políticos. En el momento mismo en que el hombre que habla dice lo más importante de su vida, en el momento que expresa aquello en lo que ha comprometido su vida entera, puede hacerse de él una caricatura. El ángulo de un rostro, una boca abierta o cerrada, la dirección de una mirada con respecto al objetivo, pueden transformar el instante más profundo de una vida en un instante ridículo. Esa verdad fijada es rigurosamente verdadera, coincide con la realidad y, sin embargo, constituye una calumnia, una mentira y una traición a la verdad dinámica” (La experiencia, la duda y la fe).

Usted, por ejemplo, amigo mío, me ha fotografiado con los ojos cerrados, la cabeza ladeada y la boca torcida. ¡Ese hombre que tenía sueño fui yo durante el segundo en que usted tomó la fotografía!

Yo no le pedí, estimado señor, que me tomara esa foto. Tampoco le di permiso para que lo hiciera. ¿Con qué derecho apretó usted el botón e hizo lanzar ante mis ojos ese estallido de luz?

Con orgullo viene usted a mostrarme el resultado de su infamante acción. Pues bien, déjeme decírselo: no me reconozco a mí mismo en ese papel coloreado que usted me tiende para que lo admire.

¡Oh, no! No es que me dé baños de grandeza, como se dice, ni que, como los artistas y actores del momento, desee proteger mi intimidad. ¡Para lo que me interesa mi prestigio! Lo que pasa, señor mío, es que yo considero, aunque esto lo encuentre usted cacofónico, que toda fotografía es una herejía cometida contra la integridad de las personas.

Veo que me mira con perplejidad, agrandando un poco los ojos; por lo tanto, creo que deberé explicarme. ¿Sabe usted lo que es una herejía? Esta palabra viene del griego herein, que significa elegir. En el ámbito religioso esto se explica con facilidad. Teolgicamente oso esto se explica con facilidad. Teoloco los ojos; por lo tanto, creo que deberoteger mi intimidad. ¡Para lo que me ógicamente hablando, un hereje es aquel que elige de todo un cuerpo doctrinal, es decir, de un amplio conjunto de verdades, una sola, y con ella se pone a dar garrotazos sin piedad al mundo entero. O, para explicarme mejor: de todas las verdades elige sólo aquella que más le acomoda y, a partir de ella, se pone a construir todo un edificio doctrinal que ya nada, o casi nada, tiene que ver con aquel hermoso edificio que desmontó.

Imagínese una hoguera alimentada por un gran número de leños. La llama es grande, espléndida, majestuosa. Pues bien, hereje es aquel que, tomando un leño, va y hace con él lo que se le ocurre: sea corretear a su prójimo para quemarlo, sea querer incendiar al mundo entero…

Piense usted, por ejemplo, en Jesucristo. ¿No dice de él la fe cristiana que es Dios y hombre verdadero? Las dos naturaleza –la humana y la divina-, como enseña la teología, subsisten en una sola persona, y lo hacen sin separación, ni división, ni confusión. Jesucristo es, pues, Dios y hombre, y querer robarle una de sus dos naturalezas, sea ésta la que fuere, sería no sólo injurioso sino incurrir en el grave pecado de la herejía.

Hay quienes eligen su divinidad en detrimento de su humanidad: éstos son herejes, por supuesto. Para ellos sólo es Dios, y su humanidad les tiene sin cuidado. Sin embargo, amigo, hay una herejía contraria a ésta que consiste en negar su divinidad para afirmar únicamente su humanidad. Para éstos Jesús es sólo un bueno hombre, un mártir, un ser de excepción, pero tanto como Dios, no.

Tal es el motivo, estimado señor, por el que algunos Padres de la Iglesia se negaron en su tiempo rotundamente a todo tipo de imagen que intentara representar los rasgos del Salvador. Clemente de Alejandría, en el siglo II, no sin pizca de razón, se quejó una vez diciendo algo como esto: “Si pintas a Cristo, pintas sólo su humanidad, pues Dios, el Invisible, no puede ser pintado. Y si pintas sólo su humanidad, le robas su divinidad. ¡Por lo tanto, no intentes representarlo de ninguna manera!”.

¿Lo ve usted, amigo mío? La cosa no carece e importancia, como le ha parecido a usted al comienzo de nuestra conversación.

¡Ah, me parece escucharlo! “Esto que usted acaba de decirme es muy justo en el caso de Nuestro Señor; pero, ¿qué tiene que ver esto con usted?”. ¡Pues bien, también en mi caso tiene mucho que ver, amigo mío! Y para que me tome en serio voy a tomar, y a citarle, a un gran autor de obras espirituales llamado Anthony Bloom (1914-2003), quien, en uno de sus libros, escribió así:

“Hay verdades estáticas y verdades dinámicas… Una imagen de la verdad estática es la instantánea fotográfica; el objetivo, en un abrir y cerrar de ojos, fijó un momento en el tiempo. Aquello que quedó fijado en ese abrir y cerrar de ojos existió, pero, según el instante que se captó en la dinmica de nte que se captrra de ojose qued ojos, itarle, a un gran autor de obras espirituales llamado Anthony Bloom ( tipo de iámica de un gesto, en la expresión de un rostro, según el ángulo para fotografiar el objeto, puede el operador haberle dado un sentido que nada tiene que ver con la dinámica de la que se arrancó la imagen.

“Consideremos, por ejemplo, esos clichés que se toman con ocasión de grandes discursos políticos. En el momento mismo en que el hombre que habla dice lo más importante de su vida, en el momento que expresa aquello en lo que ha comprometido su vida entera, puede hacerse de él una caricatura. El ángulo de un rostro, una boca abierta o cerrada, la dirección de una mirada con respecto al objetivo, pueden transformar el instante más profundo de una vida en un instante ridículo. Esa verdad fijada es rigurosamente verdadera, coincide con la realidad y, sin embargo, constituye una calumnia, una mentira y una traición a la verdad dinámica” (La experiencia, la duda y la fe).

Usted, por ejemplo, amigo mío, me ha fotografiado con los ojos cerrados, la cabeza ladeada y la boca torcida. ¡Ese hombre que tenía sueño fui yo durante el segundo en que usted tomó la fotografía!

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